por: Denis Gómez García
Desde finales de la década del ’80, la literatura cubana ha mantenido una línea ideotemática que, a la postre, saturó (y satura) la intención del producto artístico actual: los llamados “novísimos”, pioneros de la estética postmoderna, develaron tópicos tabú total o parcialmente ignorados/eludidos en períodos precedentes. A partir de entonces, personajes que la sociedad cubana había focalizado negativamente —la prostituta, el homosexual, el buscavidas delincuente y el balsero— devinieron “arquetipos narrativos” que aún flotan en un océano de cosmovisiones autorales. El discurso tendió hacia una exposición “hiperrealista” de los acontecimientos, como matiz del clásico dirty realism institucionalizado en Estados Unidos alrededor de los años 50 del pasado siglo. Todo ello condujo a Lector y Crítico a asirse de instancias textuales que marcaran una estructura narrativa novedosa, la re-actualización de personajes, así como la exposición coherente de las reflexiones y/o mensajes que desencadenaran el argumento.
Los seis cuentos del escritor habanero Ángel Santiesteban, agrupados bajo el título Los hijos que nadie quiso (Premio Alejo Carpentier, 2001), no escapan de la atmósfera contemporánea. Sin embargo, es considerable en esta propuesta la adecuación que reciben los tópicos de cada relato en función de una idea central: la subsistencia más allá de códigos ético-morales, políticos, en un medio hostil que atenta contra el bienestar del individuo.
El autor desciende al Averno de marginados y marginales, examina sus niveles y jerarquías, explora sus simas esgrimiendo un coloquio impúdico. Los personajes adquieren movilidad en situaciones límite, se debaten en conflictos provocados por el entorno. Es recreado así el micromundo carcelario con su consabido imperio caciquil impuesto por la violencia. La virilidad en cautiverio calca la convivencia marital-sexual a través de una homosexualidad que intenta reproducir, mediante un machismo primitivo, los roles de la pareja heterosexual. Los más débiles compran la protección sirviendo a un recluso-jefe que los cosifica y animaliza tanto como a sí.
El signo de la penetración anal, “emblema de la mariconería”, es procedimiento inmediato por el cual los sujetos pueden perder su condición de macho en un rebajamiento hacia la pasividad, a imagen y semejanza de la mujer, según su código. La caída llega a tal extremo que el nombre propio es sustituido por motes afines al nuevo perfil feminoide del presidiario: “La Puerca” y “La Perra”, animales cuyas apariencia y relación con el hombre son metaforizadas popularmente para subrayar ciertos rasgos psico-físicos: obesidad, inmundicia, sumisión, lealtad. No obstante, el discurrir de la acción formula una defensa de los más agredidos en tanto son receptáculos de sentimientos humanamente positivos. Es el caso de Manuel (la perra), travesti que derriba la exposición cuasi generalizada del homosexual en la zarza erótica de la promiscuidad y la orgía: “Por primera vez en su vida percibe hacia un hombre un sentimiento que no es el sexual.” (p. 47). La perra infringe las normas penitenciarias al ofrecer auxilio a un reo golpeado y aislado en celda de castigo, derroca sus propios patrones cuando, gracias a esta obra de caridad, se enamora de él.
Las necesidades materiales son un viaducto toral hacia la “delincuencia” y “la moralidad degradada”, términos que constantemente están siendo sometidos a un cuestionamiento semántico. Son estas las reflexiones que emergen de “Lobos en la noche” y “Los aretes que le faltan a la luna”: en el primero se despliega el sudoroso episodio picaresco en pos de la carne de res (el bocado alimenticio, el prohibido y penado).1 Una suerte de lamento por el hambre y las sinfonías estomacales sintetizan el objetivo de este relato a través de imágenes narrativas que se insertan en una atmósfera probatoria de la experiencia cinematográfica de Ángel Santiesteban. Las penurias son comunes a vecinos sobornables y a policías que desvían la sangrienta prueba del delito hacia las bocas familiares.
Xinet, protagonista del segundo cuento anteriormente referido, sufre, le repugna prostituirse, situación que
le impide continuar su carrera de Licenciatura en Historia. Factores de peso le impiden retractarse. Esta mujer, al servicio del turismo sexual, es dadivosa, reparte ayudas en el barrio y sostiene la economía familiar, incluyendo al esposo. La pose universitaria y la plegaria al Alma Mater (símbolo de la más prestigiosa Casa de Altos Estudios Cubana) le sirven de protección contra los rigurosos celadores del “orden”.
El texto que da título al libro es un réquiem por los que no alcanzaron la otra orilla durante el éxodo de los ´90. La tantas veces recurrida aventura marítima no se sustrae a la intención de Ángel Santiesteban, ni a su crudeza, ni al instinto de conservación individual capaz de rebasar las fronteras de lo filial y la compasión humana. La meta geográfica se desdibuja a medida que aumenta el rigor de la travesía. Es este el elemento que salva el relato, sugerido por la voz narrativa en primera persona: “Nadie sabe exactamente el rumbo que tomamos. No hay preguntas. No nos interesa. La necesidad es huir de aquí, ya no importa si llegamos o regresamos; lo que nos urge en este instante, es eso, salvarnos.” (pp. 42-43).
Por otra parte, “Los olvidados” podría considerarse la novedad del conjunto, su punto climático, ya que resume las aristas de los sujetos en los textos previos. Es en este relato donde se exhiben las más bajas o animalizadas salidas por sobrevivir. Se intensifican las reflexiones acerca del andar sin rumbo, la no pertenencia a un espacio “que traga hombres”, pantanoso e inhabitado por enemigo alguno. La guerra, hasta la más justa, es inhumana; la ideología no puede llenar el estómago individual ni resucitar muertos. Ángel Santiesteban muestra heridas intocables —o temerosamente manejadas por los escritores— que son, en el orden temático, áreas silenciadas de la guerra de Angola, escenario bélico que acogió a miles de jóvenes reclutados por el Servicio Militar Obligatorio. El texto hace patente el peso de lo testimonial, lo cual beatifica la finalidad de la narración a la vez que recrudece la imagen. El hambre puede obligarnos a digerir nuestros propios excrementos, o a engullirnos unos a otros; el miedo puede llevar al más ateo a clamar por el milagro del poder sobrenatural; el deseo puede rebuscar en el archivo de la memoria las imágenes más insólitas para llenarlas de semen. Como ellos, podemos sentir asco de nosotros mismos.
No podría hablarse de pesimismo ni amoralidad en los desenlaces que propone el autor, sino de soluciones existenciales que vuelven inevitables los procederes y actitudes del ser humano. Del lodo a la luz a como dé lugar, así sea mediante un bestialismo potenciado por el instinto que nos habita. Y si la muerte es inminente, sea este estado biológico el que otorgue la liberación y cumpla el cierre de la voz narrativa que culmina la historia: “Siento que algo se aleja de mí; no sé si es el aliento o mi sombra. Me cierran los ojos. Pienso en lo inútil que es Dios.” (p. 95). Prefiero que sea el patriarca de aquellos hijos que nadie quiso quien se haga justicia y otorgue claridad a las ideas de este lector:
[...] Entonces yo creo que mis cuentos están armados alrededor de ese sentimentalismo, esa angustia de alejarse de algo, de perder algo. Y creo que a partir de ahí, yo entonces reflejo la cubanía… Es decir, el soldado está pensando en regresar, está pensando en su casa, en su familia y en sobrevivir. El balsero, está pensando en lo mismo, y el hombre en la prisión está pensando en lo mismo, y quiere sobrevivir también. Es decir, son tres experiencias, tres circunstancias, aparentemente tan distantes e intrínsicamente tan unidas; en el fondo son una misma cosa.2
1CAPÍTULO XVI
SACRIFICIO ILEGAL DE GANADO MAYOR Y VENTA DE SUS CARNES
ARTÍCULO 240. 1. (Modificado)
1. El que sin autorización previa del órgano estatal facultado para ello sacrifique ganado mayor será sancionado con privación de libertad de cuatro a diez años.
2. El que venda, transporte, o en cualquier forma comercie con carne de ganado mayor sacrificado ilegalmente será sancionado con privación de libertad de tres a ocho años.
3. El que, a sabiendas, adquiera carne de ganado mayor sacrificado ilegalmente incurrirá en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas, o ambas.
4. El que, a sabiendas, adquiera carne de ganado mayor sacrificado ilegalmente para suministrarla a centros de elaboración, producción, comercio o venta de alimentos, incurrirá en sanción de privación de libertad de dos a cinco años.
5. El que, sin ponerlo previamente en conocimiento de la autoridad competente para su debida comprobación, sacrifique ganado mayor que haya sufrido un accidente [...] incurrirá en sanción de multa de cien a trescientas cuotas.
6. En los casos de comisión de los delitos previstos en este artículo se impondrá como sanción accesoria la confiscación de bienes.
Este artículo fue modificado por el artículo 12 de la Ley No. 87 de 16 de febrero de 1999.
(G. O. Ext. No. 1 de 15 de marzo de 1999, págs. 5 y 6).
[Tomado de Ministerio de Justicia de la República de Cuba: “Código Penal”, pp. 106-107, Gaceta Oficial. Publicación Digital, dirección electrónica: http://www.gacetaoficial.cu/html/legislacion_cubana.html].
2 Márquez Arreaza, Dionisio: “Cinco telas y cuatro hilos: El minicuento cubano de los 90″, en dirección electrónica:
http://www.chichimeca.net/documentos/mini-cuba.pdf, p. 39.









Abundando en el comentario de ANANDRIA. Este que escribe en cierta ocasión pudo conocer directamente un comentario que le impactó enormemente. A la pregunta que unos extranjeros hicieron a un ganadero. La respuesta fue la que sigue: “de todo lo que tengo escoge lo que quieras, incluso alguna de mis tres hijas. Puedes llevártela e incluso comértela, pero de las vacas nada. Pues si falta alguna yo voy preso”. Los extranjeros no salían de su asombro al oír eso. Le pidieron más concreción, y así remató la frase el ganadero: “si me falta una hija, siempre puedo poner la justificación de que se fue para la yuma, pero de una vaca…?”.
ACLARACION: EN CUBA LAS VACAS NO SON SAGRADAS, COMO EN LA INDIA. SIMPLEMENTE SON DEL GOBIERNO, Y TE ENCIERRAN MÁS TIEMPO POR MATAR A UNA VACA QUE A UN SER HUMANO.