por: Ananta Strindberg
Bestemmia
Recuerdo que, de camino, mi axila izquierda empezó a sudar frío. El movimiento pendular del brazo friccionaba la herida abierta, todavía sangrante. Volvía a zarandearme un escozor, ahora multiplicado por tres dolores: la rozadura del brazo que abría y cerraba la excoriación, como el boqueo de un goldfish (en la superficie del estanque), el sudor salobre que la quemaba, y la ofensiva del piercing o punta de flecha que sobresalía del sobaco.
Tres horas antes, en el 19 de la Corso Luigi Andrea Martinetti, había entrado yo en uno de esos talleres gótico-punk especializados en artificios del cuerpo. La chica no se inmutó cuando extraje la saeta de bronce. Le ordené: “Encájela aquí. Sin anestesias ni compresas, por favor. Limpie lo necesario. Apúrese, tengo una cita con el Sebastián.” Habituada tal vez a lidiar con turistas fanáticos, narcómanos y especímenes semejantes, “Sì, signore”, acometió la cirujía con pasmosa crueldad. Reprimí en la garganta un bufido de gozo cuando el metal sajó la carne.
Veinte de enero. Bruma. La duda me detuvo ante el pórtico de la galería del Palazzo Rosso di Genova. Al fin pondría término a aquella idea que taladraba mis entrañas hacía mucho. Desde 1961 he vivido sólo para Ellos.
Hay acontecimientos inexplicables que cambian la vida en cuestión de segundos. Cuando el púber Kimitake, aún no era Mishima, descubrió el sublime martirio del capitán de la guardia pretoriana, quiso estar rabiosamente en su lugar, ser Él. La hermosura del mancebo lo transportó de la envidia al deseo. El instinto lo indujo a arrancar la fotografía de la pinacoteca, mientras la mano izquierda, automática, se iniciaba al onanismo. Creo que jamás terminaré de leer la novela. Es un fragmento que me paraliza... Fisgoneo tras una ventana. Ellos conmigo, yo con Ellos. Estoy abrasado por los celos, me masturbo llorando.
Ciego, recorrí los salones del museo italiano. Al borde de la histeria, la mirada de San Sebastián se me antojó lasciva, blasfema, desafiante. Supongo que grité, puñal en mano, frente al cuadro de Reni: “¡Mi herida sí sangra…!” Un agente de seguridad me abatió: “Signore, queda usted arrestado.”
M-S
No el amago de aire
que trajo el bálsamo de fresnos
y el primer soplo estival,
no la sala donde el ángelus se escucha
en el instante forajido de la aurora,
el tiempo ceromántico de llamas que crepitan
o la húmeda faena de los hábitos;
bajando la esmaltada pendiente de la carne:
savia de su deseo,
momento atroz en que extravió
algo más que la armonía,
obnubilado acaso
por la mutilación de lo perfecto.
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Hola amigos, quiero saber cómo se escribe un ejercicio escritural. ¿En qué consiste un ejercicio escritural? ¿Para qué sirve?
Gracias.
Hola Diego Hernán:
Muchas gracias por dejarnos tu comentario. El ejercicio escritural, en este contexto, es un procedimiento o juego didáctico (entre dos o más personas, muy usual en los talleres literarios), que tiene como objetivo motivar la creación u ofrecer herramientas temáticas y estructurales a escritores noveles o que atraviesan alguna crisis. Los ejercicios escriturales pueden parecerse a las actividades de composición que se orientan en cualquier clase de lengua en el sector educacional, o a los tan populares concursos literarios con limitaciones de forma y contenido. Te pongo un ejemplo muy elemental (pero hay mil formas de hacerlo):
1. imponer un tema, estructura o género para escribir un texto bajo estas condiciones,
2. listo el texto, se procede a revisar, discutir y editarlo (fase de taller).
A veces el escribiente tiene mucho talento pero le faltan ideas o imaginación, a veces posee ambas cosas pero, aunque desee escribir, no tiene disciplina o padece terror a la página en blanco. Y así, una larguísima lista de problemas que dificultan el acto de parir un texto literario. Espero te satisfaga nuestra respuesta.
Qué lindo el espacio! Leí ese texto sansebastianiano y me agradó bastante. Está lleno de lenguaje y duele un tanto, como las heridas “goldenfish” de las que habla. Seguiré leyéndolos, y en cuanto tenga algo lo envió.
Graciñas polo comentario. Volve…
Sen dúbida, un traballo de altos quilates. Agardo mais exercizos.
Saúdos
NON CAPISCO NIENTE