por: Denis Gómez García
Revisión crítica del modelo de análisis
arquetípico de Northrop Frye: aplicabilidad.
NF in Memoriam
The Globe and Mail, en la edición del 13 de julio de 2010, informó la clausura del Centro de Estudios de Literatura Comparada de la Universidad de Toronto, que, veintidós años atrás (1988), había fundado Herman Northrop Frye (1912-1991). Catedráticos y estudiantes protestaron contra tal medida; entre ellos, Linda Hutcheon (Church, 1), graduada en 1975 y profesora del instituto durante más de dos décadas, cuyos postulados sobre la metaficción y la intertextualidad tienen entre sus fuentes más importantes los escritos del académico canadiense. Sirva el presente artículo como homenaje a la labor de Northrop Frye y como nuestra reprobación por el cierre del magno centro de estudios.
Arquetipo: Algunas características
The word “archetype” derives from the Greek archetypon, which means “beginning pattern” [...] (Leitch, 1443)
Desde la filosofía medieval de Guillermo de Ockham (1285-1349), la antonimia entre universales y particulares ha sido un tema revisitado por numerosas disciplinas de las ciencias humanísticas. Sus juicios sobre el nominalismo en el conocimiento, la teoría de los términos (mentales y exteriores, de primera y segunda intención) y la clasificación de los términos de segunda intención en cinco universales (género, especie, diferencia, propio y accidente), han sido el punto de partida de filósofos, antropólogos, lingüistas, psicólogos y literatos en la elaboración de bases teóricas que continúan vigentes en la actualidad. (Consúltense De Ockham, Suma de la Lógica, Parte Primera, capítulos 14-17 y Jung, 207.)
Estas líneas preliminares no persiguen desarrollar una historiografía de la noción arquetipo, ni siquiera en apretada síntesis. Para tal fin hubiéramos debido empezar por los preceptos platónicos al respecto. Sin embargo, el ejemplo de un tratado filosófico del siglo XIV se convierte en el punto de partida para exponer algunas de las problemáticas que han acompañado a los estudios arquetípicos hasta hoy: los arquetipos son imágenes, motivos, modelos, paradigmas, símbolos recurrentes a) cómo determinar que un símbolo es un arquetipo, b) qué es lo universal y en qué medida son universales los arquetipos, c) si se ubican en el alma (De Ockham) o el inconsciente de la colectividad (Jung), cuáles son los límites cuantitativos para considerar que un símbolo es arquetipo de un grupo social determinado. Tales interrogantes no tienen respuestas concretas aún, cuando menos son blanco de polémicas y múltiples revisiones.
No obstante, algunos de los puntos anteriores no suelen ser causa de preocupación para la Teoría de la Literatura, como se verá más adelante con el modelo de análisis arquetípico propuesto por Northrop Frye, del cual abordaremos (de forma concisa) su método de aplicación en la hermenéutica literaria y algunas de sus limitaciones.
La entrada arquetipo en Concise Dictionary of Literary Terms, auspiciado por la universidad norteamericana de Oxford, establece:
archetype: a symbol, theme, setting, or character-type that recurs in different times and places in myth, literature, folklore, dreams, and rituals so frequently or prominently as to suggest (to certain speculative psychologists and critics) that it embodies some essential elements of ‘universal’ human experience. (Baldick, 19)
Independientemente de lo multiforme que suele resultar el arquetipo, en esta definición, que después retomaremos, se explicitan dos de sus rasgos formales: la recurrencia o carácter repetitivo y la proyección semántica que es la representación de “elementos esenciales de la experiencia humana”. Elidimos el adjetivo ‘universales’ por la sospecha que provoca su carácter generalizador. Por ejemplo, se puede afirmar a ciegas que el Quijote es un personaje literario devenido arquetipo histórico del idealista, soñador y que, al menos para los hispanoahablantes, originó el vocablo ‘quijotismo’ con un significado parcialmente diferente (véase DRAE). En cambio, no conocemos quien haya medido el alcance global lingüístico y/o simbólico de este arquetipo.
Ha de notarse también la impronta de la teoría junguiana en la definición del término como una marca de autoridad que desconoce el antes y el después de las conceptualizaciones en el terreno de la Filosofía, fisura que se reitera en el cuarto sema de arquetipo catalogado en el DRAE: “4. m. Psicol. Imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forma parte del inconsciente colectivo.” No se pide (que conste) que las voces lexicales de los diccionarios se tornen enciclopédicas, sino que se prioricen ideas más consensuadas. Admitimos el inconsciente colectivo como una suerte de base de datos humana pero no es comprobable lo congénito de los arquetipos. Más bien, éstos se adquieren en dependencia del contexto sociocultural, histórico, familiar, etcétera, en el que crece el individuo.
Nos remitimos por último a la definición que propuso Northrop Frye, contenida en el glosario del volumen objeto de análisis, Anatomía de la Crítica:
ARQUETIPO: Símbolo, por lo común una imagen, que se repite lo suficiente en la literatura como para ser reconocible como elemento de nuestra experiencia literaria considerada como un todo. (1991, 483)1
El autor circunscribe con acierto el campo de estudio al hecho literario. Dicho concepto (auxiliar) no abarca la caracterización general contenida en el tercer y cuarto ensayos del libro. Sin embargo, la frase destacada nos da la posibilidad de establecer una tercera propiedad que define al arquetipo: estructuralmente, puede configurarse la detección como una “cadena de asociaciones” que funciona como sistema semántico.
Puntualizamos; el arquetipo:
1- tiene expresión recurrente o repetitiva,
2- es una cadena de asociaciones o conjuntos alegóricos (139) que opera como sistema o “todo” semántico,
3- representa un elemento de la experiencia humana o, en este caso literaria, debido a que es una variable compleja convencional diferente del signo (139).
Inconvenientes al leer a Frye
Uno de los problemas que obsta la lectura fluida de Anatomía de la Crítica, y una de las claves para su comprensión cabal, es el corpus terminológico.
En principio, el autor retomó los términos de la Poética de Aristóteles, a quien nombra desde el primer ensayo “Crítica Histórica: Teoría de los Modos” (53) e innumerables ocasiones a lo largo de todo el volumen. Ello obliga a recurrir constantemente al glosario que sólo registra las palabras bajo el criterio de más usadas y/o más ambiguas. Es el caso de poeta que se emplea como el representante-agente del género lírico y, ceñido al étimo griego, como creador (118, 137) en plateamientos válidos para narradores y dramaturgos. El lector suspicaz está más sujeto al contexto ya que el término poema, al parecer, no corrió la misma suerte:
De los problemas que surgen por falta de vocabulario técnico en la poética, dos exigen atención especial. Es particularmente desconcertante el hecho, ya mencionado, de que no exista palabra para designar la obra de arte literaria. Se puede invocar la autoridad de Aristóteles para usar “poema” en este sentido, pero la costumbre declara que el poema es una composición en metro y hablar de Tom Jones como si fuera un poema sería un abuso del lenguaje ordinario. (99)
Asimismo sucede con símbolo, definido como: “Cualquier unidad de cualquier obra literaria que pueda aislarse para su estudio crítico. En el habla ordinaria se restringe a unidades menores, tales como palabras, frases, imágenes, etc…” (99, 487), mas, al formularse como categoría con capacidad para tantas estructuras diferentes, no es raro hallar en la trayectoria del discurso el término símbolo aplicado con otros sentidos. Hacemos patente que descartamos de esta afirmación el tercer ensayo centrado en las variedades del símbolo en el texto literario.
En el plano del contenido, amén de un esquematismo por momentos muy categórico en lo tocante a la clasificación, hay un número importante de aseveraciones complejas carentes de ejemplos. Obsérvense en “Crítica Histórica: Teoría de los Modos” (quizá su capítulo más criticado), los argumentos al respecto de la línea de intereses generales de los géneros literarios, valga la cacofonía: la novela y el teatro en la ficción interna, fija la visión estética aristotélica, la literatura es un producto y en el marco de la comunicación se identifica por la catarsis; la poesía y el ensayo en la dianoia o tema, expone la visión creadora de Longino, la literatura como proceso, y comunicativamente se basa en la relación externa autor-lector (78, 95).
¿Constituyen excepciones o marginales las modalidades híbridas tales como la prosa poética, el poema en prosa, el conversacionalismo poético, lo ensayístico en la narración, o el ensayo con elementos narrativos como rasgo de estilo? Se sabe que a la altura de 1977, año en que se publicó Anatomy of Criticism, Four Essays (título original), varios escritores habían puesto en crisis el concepto de género con estos tipos de experimentación. ¿Qué prueba que no se haga catarsis al consumir un poema o ensayo; quién ha calculado el grado de inclinación de una novela u obra de teatro hacia la manifestación explícita o implícita de la relación externa autor-lector?¿Puede saberse con certeza cuán profundo es el proceso creativo de una novela en comparación con el de un poema o ensayo? Examinar las tesis de Frye a través de la mayéutica revela la necesidad (repetimos) de un repaso todavía más metódico. A causa de ello, ignoraremos en nuestro análisis toda división jerárquica o clasificatoria entre las expresiones literarias (poesía, ensayo, narrativa, teatro).
Por consiguiente, pese a nuestra reticencia con ciertas ideas que corresponden a las fases literales y descriptivas, formal y anagógica del símbolo, las cuales nos desviarían del camino trazado al inicio, nuestra observación se atendrá al acápite “Fase mítica: El símbolo como arquetipo”, presentación del modelo, y al tercer ensayo “Crítica arquetípica: Teoría de los mitos”, desarrollo y método de aplicación.
Modelo de análisis arquetípico
La literatura, sus género y estructuras, está diseñada a partir de las oportunidades que ofrecen un número limitado de fórmulas. Anatomía de la crítica es una poética, una teoría de aplicación sistemática que rebasa la exégesis de textos individuales y despliega un conjunto de posibilidades genéricas de la literatura. En este aspecto, Frye “se adelanta a los objetivos científicos del estructuralismo de desarrollar una poética de los tipos literarios que clasifique y describa sus rasgos, recursos y convenciones más recurrentes y comunes.” (Rodríguez, 3)
Según el teórico, la interpretación de un texto se “orienta en dos direcciones” (102): centrífuga, hacia el exterior, y centrípeta, hacia el interior, con independencia de la intención autoral originaria. Frye no aboga exclusivamente por la hermenéutica inmanentista o sea, no niega el posible acoplamiento entre ambas formas de lectura, elementos externos al texto (históricos, sociológicos, políticos, económicos, etc…) para apoyar un análisis interno y viceversa, como procede, por ejemplo, buena parte de la historia de la literatura tradicional. Su atención aparece centrada en el funcionamiento de las estructuras de significación (símbolos)2 cuya finalidad es lograr una lectura cerrada o close reading de la obra, postura no exenta de planteamientos polémicos del tipo:
En literatura, los criterios de significado externo son secundarios, ya que las obras literarias no pretenden describir ni aseverar, razón por la cual no son verdaderas, no son falsas y, sin embargo, tampoco son tautológicas [...] el significado literario sea llamándolo hipotético y una relación hipotética o supuesta con el mundo exterior es parte de lo que usualmente se quiere decir con la palabra “imaginativo” [fictivo o ficcional]. (103)
La crítica arquetípica se ubica en el campo de la literatura comparada y considera el texto como un todo. Su fundamento es la conexión entre varios textos a través del arquetipo, nexo, unidad mínima de significado, estructura convencional-comunicativa, considerando paralelamente la literatura como hecho social y modo de comunicación. Es obvio que, vista así, la crítica arquetípica guarda relación con las ya institucionalizadas teorías de la intertextualidad (Leitch, 1443), aunque creemos que este esquema analítico goza de similar amplitud y alcance: configuración de géneros, períodos, escuelas y tendencias literarios, obras asiduas a determinada temática (dianoia), estructuras textuales recurrentes, modos de representación de un personaje tipo, entre otros.
Tras la detección de un arquetipo gracias a su repetitividad, el modelo recomienda técnicas de rastreo y agrupación/distribución en conjuntos asociativos o alegóricos, con vista a elaborar un programa exegético, sincrónico o diacrónico según la información que posea el investigador:
En suma, podemos obtener toda una educación liberal simplemente tomando un poema convencional y rastreando sus arquetipos tal como se despliegan en el resto de la literatura. [...] Pero si añadimos a nuestro deseo de conocer la literatura un deseo de conocer cómo la conocemos, descubriremos que el hecho de expandir las imágenes hasta integrarlas en los arquetipos convencionales de la literatura es un proceso que ocurre inconscientemente en todas nuestras lecturas. (136)
Lo convencional del arquetipo (140) lo convierte en una variable compleja que depende del conocimiento sociocultural, ya cotidiano, ya culto (originado por el arte o la ciencia). Salvo profesores durante la lección respectiva, a casi nadie se le ocurriría decir Alonso Quijano, si acaso El/Don Quijote. El caballero de la triste figura, devenido símbolo de la lengua española, es un arquetipo cultural culto por cuanto se gestó en la novela de Cervantes.
Frye añade que, para explicar el curso de un arquetipo, se debe atender a su variante pura, aquella que renueva la representación del arquetipo convencional, la que lo complejiza bajo modos de ruptura, ironía —Jorge Luis Borges, “Pierre Menard, autor del Quijote”― o parodia. En cambio, no secundamos del todo el juicio de que las convenciones paródica e irónica son un síntoma del desgaste que sufre el manejo de las convenciones (141). Si el Quijote en su presentación paródica marcó el final del caballero, arquetipo convencional de la novela de caballería, El nombre de la rosa o El péndulo de Foucault de Umberto Eco, que parodian la vertiente neogótico-detectivesca de la narrativa actual, no han sido más que catalizadores de la producción de nuevos éxitos de venta.
Por otro lado, en el ámbito hermenéutico del modelo, aparece la impronta de Frazer y Jung (citados en 147) por medio del aspecto ritual de la literatura (lo recurrente, imitación de la acción humana), la estructura temático-formal que se nombra deseo (en la Semiótica tendría un correlato cercano con la manipulación intencional) y el sueño o potencial de significación de un texto, polisemia e intención semántica: “en la crítica arquetípica el contenido significante es el conflicto entre la realidad y el deseo, que tiene por base la labor del sueño. Rito y sueño, por lo tanto, son, respectivamente, el contenido narrativo y significante de la literatura en su aspecto arquetípico.” (142) Hemos de recordar el apego de Frye por el sentido aristotélico de mímesis, de ahí que la realidad sea el polo negativo de la oposición. Pero resulta una perogrullada decir que la naturaleza, latō sensū, es el referente central de toda actividad humana, aunque la ciencia ficción invente robots y mundos posibles.
La crítica arquetípica se interesa en identificar dos ritmos en la repetición estructural: cíclico, que el teórico compara con las estaciones del año y el esquema bíblico de muerte-resurrección, y dialéctico relacionado con las marcas positivo/negativo de la normativa moral de la sociedad en contraste o unión con la propuesta del autor.
El ritmo dialéctico es el que predomina en la fase mythoscrítica que se encarga de la búsqueda de correspondencias entre el argumento de un texto, su programa narrativo y la convención social (cualquiera sea el área). El mythos es la unidad arquetípica que debe atenderse en este contexto, a saber:
MYTHOS: (1) Narración de una obra literaria, considerada como gramática u orden de las palabras (narración literal), trama o “argumento” (narración descriptiva), imitación secundaria de la acción (narración formal), imitación de la acción genérica y recurrente o rito (narración arquetípica), o imitación de la acción total imaginable de un dios omnipotente o de la sociedad humana (narración anagógica). (2) Una de las cuatro narraciones que se clasifican como cómica, romántica, trágica e irónica. (486).
Aclaramos que los modos cómico, romántico, trágico e irónico se fijan a partir de las soluciones del texto. Frye aplica esta fase del modelo al teatro grecolatino tras las búsqueda de patrones genéricos en textos posteriores. Para ilustrar enfáticamente el ritmo cíclico de los modos, a cada uno lo relaciona con una estación del año: primavera-comedia, verano-romance, otoño-tragedia, invierno-ironía y sátira, respectivamente. La mythoscrítica trabaja de manera detallada con los personajes arquetipos, sus funciones (aspecto representativo) y la significación con respecto del deseo social (aspecto comunicativo).
La apertura que tiene el modelo de análisis arquetípico lo hace aplicable en la configuración de géneros literarios, análisis de personajes arquetípicos, de elementos textuales ritualizados por la convención literaria, por cuanto su unidad mínima de significación, el arquetipo, tiene como propiedad principal la recurrencia y la repetitividad. En el discurso aparecen subrayadas las ideas más importantes que, a nuestro juicio, esquematizan el modelo, lo hacen más viable como herramienta para investigadores.
Anatomía de la Crítica, una de las poéticas más influyentes de la Teoría de la Literatura en el siglo XX, no ha perdido vigencia. De no ser por lo ininteligible que resulta por momentos el empleo de la terminología, tendría el doble de seguidores que hoy.
Bibliografía
Baldick, Chris. Concise Dictionary of Literary Terms: New York, Oxford University Press, 2004.
Church, E. “U of T plans to shut down Center for Comparative Literature”, The Globe and Mail: www.theglobeandmail.com/news/national/
De Ockham, Guillermo. Summa de Lógica: Madrid, 2010.
Frye, Northrop. Anatomía de la crítica: Caracas, Monte Ávila Editores, 1991.
Jung, Carl Gustav. Arquetipo e inconsciente colectivo: Barcelona, Ediciones Paidós, 2009.
DRAE: http://buscon.rae.es/
Leitch, Vincent B. (ed.). The Norton Anthology. Theory and Criticism: New York, Norton, 2001.
Rodríguez, Félix. “La Teoría Arquetípica o del Mito”, 49. Teoría literaria norteamericana I: De la Nueva Crítica al Estructuralismo:
http://www.liceus.com/cgi-bin/aco/lit/02/115491.asp










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Por nada. Es uno de los mejores ejemplos que encontré para ilustrar el trayecto del arquetipo, sus formas y variaciones. A contenido denso, material de apoyo divertido. Es, al menos para mí, una ley de la didáctica. Saludos, Denis.