VIENGSAY Valdés, DIADEMA del BALLET cubano

 por: Rafael Álvarez Rosales

ADAGIO

 Tu vocación por la danza: ¿cuándo despertó y cuándo advertiste que querías recibir una formación profesional?

Desde pequeña me gustaba todo lo que fuera danza. Fui atleta de gimnasia artística, lo que me permitió desarrollar habilidades físicas. El ballet, en un principio, lo aprecié como una forma más de baile. Era una buena vía para explotar mis aptitudes e iniciar una carrera que combinara ambas cosas: la destreza física y la danza. Mi abuelita me llevó a hacer las pruebas en L y 19, la escuela elemental. En aquel momento yo vivía con ella, pues mis padres estaban en el extranjero cumpliendo una misión diplomática. Cuando me vi en la lista de los seleccionados les comunicamos la buena nueva. Tenía las condiciones óptimas: salto, demi-plié, empeine, etc… Al poco tiempo ellos llegaron al país. Me apoyaron muchísimo. La disciplina me vino desde pequeña, me la inculcaron mis mayores, desde entonces forma parte de mi personalidad. En aquellos momentos no tenía la conciencia de lo que era interpretar, actuar en la escena; sólo con el tiempo lo pude incorporar y asimilar.

 

 Aunque resulta familiar a los asiduos al medio, nos gustaría que explicaras por qué tus padres decidieron nombrarte “Viengsay”.

Viengsay significa “victoria” en idioma laosiano. Mi padre fue el primer embajador de Cuba en Laos, y mi nombre se origina de la primera región liberada durante la guerra contra los norteamericanos. El entonces primer ministro de la República, gran amigo de mis padres, Phoumi Vongvichit, les sugirió este nombre, no sólo por su significación histórica sino como símbolo de la amistad que une a nuestros dos pueblos.

VARIACIÓN

¿Cuáles consideras son los personajes en que te desenvuelves más a gusto? ¿Cuáles te resultan más complejos? ¿Por qué?

Personajes como Kitri (protagonista del ballet Don Quijote), Odette/Odile (El lago de los cisnes), Carmen, Lisette (La fille mal gardée), Swanilda (Coppélia), Greta (La Cenicienta), Julieta (Shakespeare y sus máscaras) y Diana (Diana y Acteón) -entre otros- compaginan con mi personalidad. El más complejo que he asumido hasta ahora es Giselle. Cada vez que voy a interpretarlo siento como si me fuera a estrenar. Tengo que volver a interiorizar el personaje, la época, documentarme y hacer acopio de muchísimos detalles artísticos. Sin embargo, en cada ocasión lo disfruto más. Giselle es una fuente inagotable. ¡Lleva tantos matices e intenciones en ese primer acto!

   

Asimismo se debe conservar en todo momento el estilo de la obra, el estilo romántico: la inclinación del torso y la cabeza, ligeramente hacia adelante; los brazos que no son en primera o en quinta cerradas, como en el estilo clásico, sino un poco más abiertos y redondeados; la suavidad en el descenso, después de un salto; el pas de bourrée, rápido para transmitir la sensación de ingravidez y levedad…

Sin embargo, los otros roles que mencioné son más explosivos, muchos de ellos alegres. Kitri, Swanilda, en ocasiones Lisette, me son más naturales, afines. Técnicamente son más fuertes, mucho más que Giselle. A mí me gusta el despliegue técnico, y le respondo bien. Yo defiendo el virtuosismo, si lo tengo, si una bailarina lo tiene, hay que defenderlo.

 Mucho se ha polemizado sobre el binomio técnica-interpretación. Ofrécenos tu visión “desde dentro”.

La técnica y la interpretación son inseparables. Constituyen la combinación perfecta para lograr que el arte trascienda al espectador, lo conmueva, lo haga partícipe de la historia, y vibre con cada movimiento. La interpretación le da un sentido, una implicación a la técnica.

La base está en la escuela, donde enseñan la técnica de ballet. A medida que empiezas a bailar e incorporas un repertorio nace la conciencia de la interpretación. Siempre un movimiento o un paso tiene una intención, a no ser que sea repetitivo. Es esencial esa complementación. Esencial porque garantiza la calidad del espectáculo, te confirma que lo presenciado no es gimnástica, un movimiento por el otro, por sí mismo, o un deporte. Tampoco es sólo interpretación, pues entonces dejaría de ser ballet para convertirse en teatro, cine, o telenovela. Por otra parte, los actores no tienen las aptitudes y facultades físicas de los bailarines. Lo importante es esa fusión que define el arte del ballet: movimiento, técnica, estilo, gestualidad, mímica, interpretación. Te conviertes en un ser “especial” que puede transmitir a través de la danza (de su cuerpo y rostro) una historia. La música, la escenografía, el vestuario tributan a favor de esa historia, y ayudan también al bailarín a concientizar quién es, qué lugar ocupa en ese espacio.

¿Qué obras desearías mejorar o simplemente retomar?

El bailarín está en constante desarrollo. Para el artista no puede haber conformismos. Las funciones que realizo hoy son incomparables a las que hacía cuando debutaba profesionalmente. Con el tiempo alcanzaron una madurez, en un futuro serán mejores. De todos los ballets el que más deseo retomar (lo deseo a diario) es Carmen. Tuve la oportunidad de bailarlo en Cuba y luego en México e Italia; pero me gusta tanto que no me cansaría nunca de interpretarlo. Para mí es una joyita. Interpretativamente es tan rico que yo lo representara todos los fines de semana, pero todos los fines de semana de modo diferente.

CODA

 Tus giros y equilibrios en punta han devenido revelación para la danza mundial contemporánea, provocando el asombro y estupefacción de muchos críticos, al punto de aparecer, en relevantes publicaciones internacionales, expresiones como: «¿De qué secreta fuerza antigravitatoria obtiene Viengsay esos equilibrios tan prolongados que parecen provenir de un “más allá” fuera de este espacio? Su dominio de los giros múltiples continúa siendo sin par…»,1 “¡Jesús! ¡Los hace todos dobles! [los fouettés]”.2 ¿Cómo es que has logrado esa “capacidad para trocar la ejecución en sensación”?

Eso sólo se adquiere con la experiencia, no ha sido fácil. Es el resultado de un estudio muy personal. Una vez escuché decir a un crítico español que el talento cuando es evidente no es preciso medirlo, basta con disfrutarlo. Creo que aunque no haga falta medirlo, soy consciente del virtuosismo, y me deleita el reto.

 

Ese virtuosismo lo siento como un medio para enriquecer la interpretación. Por ejemplo, los equilibrios en Giselle reafirman su ingravidez, los fouettés de Odile pretenden confundir, envolver y finalmente convencer al príncipe. Todos son elementos que le aportan dramatismo a la coreografía. El baile debe ser orgánico, sin aparentar el menor esfuerzo, debe transmitir seguridad y disfrute.

Agradezco mucho la asistencia y la dedicación de mi fisioterapeuta el doctor Miguel Capote. Desde 1999 ocupamos una hora diaria en mi tratamiento. Él me adiestra cada músculo para que mi cuerpo se conserve en óptimas condiciones. Gracias a él y al trabajo incesante he alcanzado un mejor rendimiento físico, he alcanzado esa “capacidad”.

 Ensayadores, partenaires: ¿con quiénes has congeniado particularmente en función de la escena?

He trabajado durante gran parte de mi carrera con “las joyas”: Josefina Méndez (me preparó para mis estrenos de El lago…, Giselle y Coppélia), Loipa Araújo (su exigencia me encanta, y más en estos momentos como primera bailarina, pues me impulsa siempre a tratar de alcanzar la perfección), Mirta Plá, Aurora Bosch. También he ensayado con Orlando Salgado, Marta García, Cristina Álvarez, Svetlana Ballester, Elena Madan, entre otros.

He tenido la valiosa oportunidad de trabajar con el maestro Fernando Alonso, con Cyril Atanassoff en Cuba, con Azari Plisetski tanto en Cuba como en Rusia, y con el maestro ruso Eldar Aliev en París, director del Ballet Internacional de Indianápolis (Estados Unidos). Por otra parte, me he sentido muy a gusto compartiendo con partenaires como Carlos Acosta, Víctor Gilí, Joel Carreño, Rómel Frómeta, Rolando Sarabia, Lienz Chang, Giuseppe Picone y Alexei Tyukov.

 Entre las figuras pinaculares de la danza nacional, ¿cuáles son aquéllas que más han influido en la conformación de tu estilo personal?

Con seguridad Ofelia González, Svetlana Ballester, y Alicia Alonso. Indiscutiblemente las generaciones de la Compañía nos hemos creado y forjado por su calidad técnica e interpretativa. Todos los ballets, las variaciones que ejecutamos han sido transformados por Alicia. De hecho, las variaciones femeninas del Ballet Nacional de Cuba, son, en general, mucho más difíciles que en otros países. Esto implica que, desde que estamos en la escuela, procuramos ser diariamente bailarinas de ataque, de virtuosismo, muy completas.

De Ofelia puedo decir que me preparó cuando yo hice mi primer Don Quijote. Ella me impartió las primeras lecciones para llegar a Kitri: los pasos por dónde dirigirlos, los brazos por dónde pasarlos, el abanico, el balancé, etc… Luego con otros ensayadores dominé otros perfiles. Siempre la admiré muchísimo porque a pesar de que no tenía un cuerpo ideal para el ballet fue tan artista, tan trabajadora, tan dulce, con grandes logros como bailarina.

Cuando pasé al Ballet Nacional de Cuba trabajé con Josefina Méndez, con Loipa Araújo, y aunque nunca las vi bailar en persona, de todas ellas, ya por sus formas de moverse, ya por el modo de pedirme determinado movimiento, gesto o expresión artística, pude captar cómo bailaron en su época. De ahí que en los port de bras de El lago… haya incorporado detalles de Josefina tomados de los videos, y que en la forma de rechazar al príncipe tenga rasgos de Loipa. De todas ellas, acoplando ciertos detalles con mi personalidad, me he nutrido y he conformado mi propia visión de los personajes, he logrado formar mi propia interpretación. Éste es un legado generación tras generación: de los grandes maestros a Alicia, de Alicia a “las cuatro joyas”, de “las cuatro joyas” a “las tres gracias” y así consecutivamente. Me tocó la buena fortuna de trabajar con ellas, de que me ensayaran en todos los detalles posibles. Detalles que con la madurez uno incorpora, es consciente de ellos, y del legado invaluable que en conjunto representan.

 ¿Cómo valoras el estado actual del ballet clásico tanto en nuestro contexto como fuera de él? ¿Qué representa ser hoy un bailarín cubano?

Ser un bailarín cubano es ante todo una credencial en cualquier parte del mundo. La escuela cubana de ballet está reconocida como una de las mejores porque su formación profesional es fuerte, muy completa. El respeto a los estilos de cada ballet, la relación de pareja, la musicalidad, forman parte esencial de ella. Ves a un bailarín cubano en escenarios internacionales y enseguida lo reconoces. Es una dicha. Si quizá hubiera sido un bailarín danés o ruso, hubiera tenido una línea bella, un empeinazo, pero sería poco expresivo en escena. Sin embargo los nuestros, aparte de la técnica fuerte que tienen, sí expresan, sí cuentan una historia, porque son extrovertidos, porque sienten lo que bailan. Hay algo muy bueno que poseen y es la interpretación. Los críticos y la prensa especializada destacan y señalan esa interpretación. Por ejemplo la de El lago de los cisnes. La mirada es muy importante, es clave, sino cómo es que él puede quedar hipnotizado, dejarse llevar, confiar en el amor ciegamente. Hay mucha fuerza en la relación de pareja Una pareja cubana saca a la luz todo lo que siente: extrae esa fuerza, esa atracción fatal, por decirlo de algún modo, que ella (Odile) ejerce sobre él (Sigfried). Y esa sugestión se percibe desde las butacas. Los especialistas la indican como una de las cualidades efectivas de la Compañía. Por eso se exhorta a nuestros estudiantes desde la escuela elemental o ya en la Escuela Nacional de Arte a que se dediquen por entero a la carrera, que traten de documentarse por medio de libros o videos sobre las actuaciones de otros bailarines. Sólo con la práctica se llega a la perfección. Particularmente sugiero que confíen sobre todo en sus capacidades y sean firmes en su vocación. Cada vez descubro mayores exigencias técnicas en el ballet a nivel mundial. Compañías como el Bolshoi y el Kirov, de Rusia, el Royal Ballet, de Inglaterra, el American Ballet Theatre, de Estados Unidos, y el Ballet de la Ópera de París, compiten constantemente por destacarse y elevar su fama. Los bailarines talentosos incrementan el nivel en muy poco tiempo, con bastante rigor. Nosotros no debemos quedarnos rezagados, creo que con nuestro estilo, nuestra escuela y nuestra compañía podemos aspirar a mantener el renombre y el reconocimiento que hemos ostentado históricamente.

1 Isis Wirth: “Cannes también baila. Gala de Nuevas Estrellas de Ballet 2000”, Danzahoy (www.danzahoy.com), 15 de agosto de 2005.

2 Sergio Trombetta: “Don Quijote cubano”, Danza & Danza, septiembre-octubre de 2002.

5 Respuestas a “VIENGSAY Valdés, DIADEMA del BALLET cubano

  1. Una entrevista excelente, reflexiva y sobre todo natural. Felicitaciones al autor, ojalá tuviéramos trabajos como estos siempre.

  2. Graciñas Ernesto, Laura y Michel por los comentarios que han dejado en el post. Viengsay Valdés sigue siendo la diadema del ballet cubano.

  3. Michel García Cruz

    La danza cubana demostrando que a pesar de todo aún puede sobrevivir, con su fuerza de escuela, su inconfundible estilo. Que sea eterna. Gracias!

  4. Excelente entrevista, Rafael. Lindo diálogo. Una gran virtud hacer hablar a Viengsay de esa manera. Gracias por el texto y los videos.

  5. Lo disfruté! Hermoso. Poder disfrutar estos singulares momentos de danza desde mi casa ha sido muy grato, además de obtener tan buena información! Felicidades.

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