POEMAS de Dolores Labarcena (I)

 

La mitad de la cinta transcurre entre personajes enclenques y restos de una desusada vajilla. Al fondo, bloques de hormigón. De vez en cuando (y sólo de vez en cuando): ¡ah Krishna! y una bocanada de aire. Casi no hay diálogos; con esos trajines… El tono sigue siendo el mismo, pero a la vista de un puerco una banda de pájaros despega de un tenderete. En efecto, es el final. Cuán oportuno el fotógrafo: con un ademán de burla lo mantiene a raya.

 ***

Porque sabías: no hay sitio a donde ir. Pero sí carriles y vagones que corren de un lado al otro entre las talanqueras. Al igual que otros medios (por ejemplo: la máquina de vapor, o el biplano de Houdini que llevaba su nombre en letras graves) la lengua tiene el poder de transportarnos. En el binario próximo alguien come un soufflé. Sorbo a sorbo bebes los poemas de Brodsky. Tu huevo rancio en loza de Bavaria.

 

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