“La INTELIGENCIA no puede quedarse en la ESCENA”

 

 Entrevista a la Bailarina Principal
YANELA PIÑERA

 

 por Rafael Álvarez Rosales

 

 

La academia…

Me inicié en el ballet para ocupar mi tiempo en el arte y tener mejor preparación física, pero nunca pensé dedicarme a esta profesión. Mis padres me inscribieron en un taller vocacional que se impartía donde se ubica la sede del Ballet Nacional de Cuba. Allí orientaban ejercicios elementales y de improvisación con el objetivo de adentrar a los niños en el medio. Recuerdo que al poco tiempo de estar en el taller hice dos exámenes para cursar estudios en el Centro Pro-Danza, que dirige Laura Alonso. Los aprobé y fui admitida con siete años, en 1994.

Dos años después se convocó el segundo Concurso Internacional de Danza Alicia Alonso y decidí presentarme. Llevé tres variaciones (Paquita, Llamas de París, La bella durmiente) y un contemporáneo. Obtuve, para mi sorpresa, el Premio de la Popularidad. En ese momento, mi mamá y yo decidimos que debía terminar mi formación en la Escuela Elemental de Ballet Alejo Carpentier, donde concluí los años de nivel elemental con Título de Oro.

A Pro-Danza le debo. Mis dos primeros años transcurrieron allí. Parte de las nociones básicas, que son tan importantes, allí las aprendí: las posiciones de brazos y piernas, cómo va una cabeza… Me impartieron clases buenos maestros. Hasta Amparo Brito me ensayó en varias oportunidades.

 

 

Luego me incorporé a la Escuela Nacional de Ballet, y estando en mi último año participé en el 8vo Concurso Internacional de Academias de Ballet que se desarrolló en el Teatro Nacional. Gané el primer lugar en la categoría correspondiente a los 17-18 años y el Premio a la Mejor Actuación Individual por mi Cisne Negro. Te digo, hubiera sido difícil alcanzarlos sin los ensayos y las correcciones de Fernando Alonso y Ramona de Sáa. Yo les agradeceré siempre por prepararnos a Virelles y a mí como lo hicieron. Y de Fernando qué te puedo decir que no sepa toda Cuba. Es el teórico y fundador. Que nos haya alertado sobre un brazo, sobre la inclinación, los detalles artísticos, cómo tienes que moverte… Incluso, en ocasiones, ya habíamos terminado de ensayar cuando él llegaba. Repetíamos todo, extenuadísimos, con tal de que nos corrigiera. Siempre traté de aprovechar la mínima sugerencia suya porque él es la fuente viva.

 

Varna, julio de 2004…

Cuando Cheri dijo que Alejandro Virelles y yo habíamos sido seleccionados para participar en Varna estábamos en el Mella: presentábamos una función esa tarde. Yo había llegado temprano al teatro para prepararme. Nos llamó a los dos antes de comenzar la función… Aquello nos preocupó; sinceramente estábamos intrigados. Se sentó y nos dijo que había llegado la convocatoria para participar en la XXI edición del Concurso Internacional de Ballet de Varna. Recuerdo que hizo una pausa larga: “son ustedes los elegidos para participar y representar a la Escuela Cubana de Ballet”.

Al principio no lo podía creer, no lo podíamos creer. Me alegré; pero no fue hasta que llegué a la casa, que lo dije a mi familia, lo pensé y repensé en solitario, que comprendí todo lo que la propuesta representaba. Varna fue el certamen que distinguió internacionalmente el talento de Loipa, Mirta, Josefina, Aurora, Marta García… Fue donde se hizo palpable la existencia de un modo cubano de bailar: el reconocimiento a nuestra escuela. Con Varna comenzó todo.

Nos preparamos en poco más de un mes: mañana, tarde, noche y fines de semana. Estábamos concluyendo el nivel medio de enseñanza, era período de exámenes finales, tanto de escolaridad como de especialidad. Con esas obligaciones a cuesta buscamos los espacios libres entre un turno y otro, entre un día y otro para prepararnos. En clase, cuando iba para mi casa, cuando comía o dormía, recreaba en mi mente los pasos, las coreografías.

Llevamos al concurso tres pas de deux clásicos y dos coreografías contemporáneas. Incorporamos Don Quijote, porque ya habíamos ensayado y trabajado el Cisne Negro y Llamas de París; estábamos familiarizados con ellos. Los contemporáneos fueron Shock y Cero, de Miguelito Altunaga, en ese momento bailarín de Danza Contemporánea, que nos ensayó sus piezas. Cheri y Adria Velásquez nos trabajaron los pas de deux. Entonces, una semana antes de irnos, nos comunicaron que antes debíamos hacer escala en Londres, porque habíamos sido invitados por Jane Hackett -jurado de nuestro concurso de academias de ballet en una oportunidad- para participar en las funciones de graduación del Central School of Ballet. Y para allá fuimos. Esa coyuntura nos sirvió de mucho para la función de Varna. Nos ayudó a ejercitar las obras, a confrontar un público desconocido para nosotros, especializado, que nos acogió, por cierto, muy bien.

Ya en Bulgaria, llegamos antes que se iniciara el sorteo de los días en que correspondería bailar a cada pareja sus rutinas. Por suerte nos tocó bailar la última jornada. Eso nos favoreció porque ganábamos tiempo para ensayar y para aclimatarnos al evento. Sólo otorgaban dos horas de ensayo por obra para cada pareja. Ni más ni menos; dos horas estrictas en un salón pequeño. Luego venía un único ensayo final en el escenario: el emblemático escenario de Varna, al aire libre. Este ensayo final se ejecutaba en la madrugada, a partir de la una, después que terminaba la jornada de competencia.

Fueron días de intenso trabajo. Muchos estaban pendientes de nosotros. Desde el desayuno veías a las muchachitas diciendo “esos son los cubanos”. Incluso, en los ensayos nos iban a ver. Hacía varios años que los cubanos no participaban en este concurso. Esa expectativa que se creó, y que percibimos desde que llegamos, nos instó a trabajar sin descanso, a comprometernos más con nosotros mismos. Y la perseverancia, la seguridad que siempre buscamos alcanzar y transmitir en la ejecución, el goce de bailar uno para el otro más que uno con el otro, la voluntad de interpretar bien los personajes en cada pas de deux, nos favorecieron mucho durante nuestra presentación, fortalecieron la caracterización en el escenario y creo que convencieron al jurado, que nos otorgó la medalla de plata en la categoría juniors. Varna es una de las vivencias más singulares, un logro supremo de mi carrera.

 

La compañía…

Ingresé al Ballet Nacional de Cuba como bailarina de cuerpo de baile. Al año y medio me ascendieron a Solista. Fue una transición difícil. De la escuela, con su horario y disciplina establecidos, con su tutoría intensiva, al medio profesional, donde tú eres quien más regula el régimen: un régimen que me ha conducido al rigor conmigo misma. La inteligencia no puede quedarse en la escena. En esta carrera, sin inteligencia uno no podría avanzar. Se pueden tener más o menos condiciones ideales para el ballet, pero siempre hay que estar pendiente de cada detalle, de lo que tienes que hacer para bailar mejor, para lograr un personaje. Siempre hay que preocuparse por lo que se tiene que mejorar o perfeccionar para que salga bien un paso, la técnica, el estilo o la interpretación; estar pendiente de cada detalle, de las correcciones de los ensayadores, de cada función. Un bailarín que siente que “ha llegado” porque goza de una buena crítica, la palabra complaciente o el aplauso, se estanca. Pero también se estanca quien no reconoce sus errores y limitaciones.

Por otra parte, yo no estoy de acuerdo con los estereotipos que muchos tienen respecto al cuerpo de baile. Me es difícil imaginar a una primera figura sin que haya pasado por esa cantera. Te ayuda a desarrollarte profesionalmente, a moldear la técnica que adquiriste en la academia, te ayuda a dominarla, y una vez que esto sucede puedes centrarte mejor en lograr la caracterización. Pero también te forma en el conocimiento del estilo de cada ballet, de las poses; te enseña a bailar orgánicamente, en función del conjunto, parejo un movimiento con otro al estar pendiente de la fila: de quien está en frente, al lado y detrás de ti. Además, al asumir un rol de solista, habiendo pasado por el cuerpo de baile, todo resulta más seguro, porque ya tienes un estilo incorporado, sabes por dónde va a pasar cada uno de los bailarines, cómo interaccionan con los movimientos que vas a ejecutar. Practicas la coreografía con un conocimiento más profundo del funcionamiento general. No percibes las cosas de manera aislada: la parte que te corresponde bailar y ya, sino también la de los demás. Y eso favorece ampliamente la comprensión de los conflictos de cada ballet, la interpretación.

 

Reina de las wilis…

Es un rol que ha sido interpretado por bailarinas muy talentosas en la historia del ballet cubano. Pienso, particularmente, en la interpretación de Aurora Bosch, que sin duda marcó una pauta, un antes y un después, por su desempeño; también el personaje la ha marcado a ella en su carrera profesional. Por suerte ha sido la maestra Bosch quien me lo ha trabajado, quien me ha dado las claves para representarlo. Ha sido uno de los personajes más complejos para mí.

 

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Técnicamente es muy difícil, sobre todo sus variaciones. La reina tiene saltos, giros, un penché que requiere un control absoluto del cuerpo… Exige una actitud y una personalidad en escena verdaderamente escalofriantes. A mi manera de ver y recrear el personaje, he querido enfatizar su perfil vengativo. Aunque ella tiene momentos en que se humaniza, por decirlo de algún modo, y recuerda su pasión frustrada; no siempre manifiesta sus ansias de venganza. Por ejemplo: el momento en que sostiene los lirios, que eran las flores que su amado le obsequiaba cuando se encontraban. Son momentos en que Myrtha nos da acceso a otra zona, a su intimidad, a su “conflicto humano”, al conflicto que la condujo a la muerte. Debuté hace ya varios años. Y aunque recibo aceptación, creo que todavía me falta mucho para sentirme satisfecha con el desempeño tanto interpretativo como técnico o estilístico de Myrtha. Lo que he alcanzado hasta hoy debo agradecerlo al magisterio y el arte de Aurora Bosch, que sigue siendo la emblemática Reina de las wilis del ballet cubano.

 

APÉNDICE

El 6 de enero de 2007 tuve el placer de entrevistar a Yanela Piñera en el patio del Gran Teatro de La Habana. Agradezco a Ivón la cortesía de haberme facilitado las imágenes que ilustran esta publicación.

Cuatro años se escurren de golpe. Pero en este período he constatado desde el pasillo de butacas cómo va madurando quien será una de las bailarinas cabecera del BNC. Ya entraron en su cauce interpretativo Giselle, Kitri, Aurora, Pájaro Azul, Hada Lila, Teresina y Hada Rava. Más se podría abordar en otra entrevista, no muy lejana, quizá cuando ostente el rango de Primera Bailarina. De momento, recientemente, abruptamente, aunque no inesperado para los balletómanos, fue promovida a Bailarina Principal de la compañía. Quedo enganchado y seducido por su locuacidad y contundente desempeño. Me quedo con las palabras de Fernando Alonso, el maestro de maestros, cuando dijo: “Es una muchacha con muchas condiciones. Hay que vigilarla y cuidarla”.

 

3 Respuestas a ““La INTELIGENCIA no puede quedarse en la ESCENA”

  1. Añado:
    Como testigo de tan execrable abuso de poder, de la “campañita” de una recua de fanáticos que convirtieron la opinión contraria en chusmería y chancleteo, siempre he pensado que subvaloraron o fueron incapaces de entender el carácter renovador que se advierte en el artículo “Órbita de Sadaise Arencibia”. No fue el ataque personal e “irresponsable” al desempeño de la bailarina (como se pretendió), ni la mancha en su expediente danzario; fue sencillamente la exégesis de UNA FUNCIÓN -entiéndase mejor, en el contexto del artículo, el significado del término “órbita”- exégesis que evidencia dominio técnico de la nomenclatura francófona del ballet clásico, del diseño coreográfico en función de la narración, y del equilibrio que debe existir entre técnica y actuación para que el ejercicio del bailarín(a) sea “acertado”. Hay un muro lamentable alrededor del BNC con relación a la crítica de ballet que, al mismo tiempo, contradice las exigencias del público, relegadas a cotilleos de pasillo y comentarios de luneta a luneta: con decenios de retraso teórico, la visión analítica (promulgan) tiene que ser apologética. Tales posturas inhibirán futuras incursiones en un área que, en Cuba, carece de voces representativas. Espero y aspiro que la Historia hable por ti…

  2. Si supieras que esta entrevista estuvo engavetada por dos años. Nadie la quiso publicar en Cuba después que la administración del Ballet Nacional decidió silenciarme, a raíz de una reseña crítica sobre la representación de una bailarina principal publicada en la Gaceta de Cuba, espacio que también coadyuvó -en su penquerismo- a ejecutar la orden censora. Vedado el acceso a los fondos bibliográficos y fotográficos del BNC y su Museo de la Danza, vedado el derecho a la opinión y al criterio libres desde el papel impreso en la mayoría de las publicaciones periódicas más importantes del país, me acogí al imperio democrático del espacio digital, que al final llega a más lectores. Ojalá y Yanela comprenda por qué la mudez o la demora, al cabo.

  3. Muy buena. Se ve que dominas el género…

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