POEMAS de Dolores Labarcena (II)

 

A su regreso trajo consigo la risa burda de los amantes de paso. Y aunque traté de disimular mi disgusto abriendo las piernas en la medida en que se abre un libro, no habría otro hombre que me incitara al crimen. Hubiera bastado (tendido en su bañera con aguas del Leteo y esencias de mirra) un golpe de hacha y zas, pasto para los buitres. Pero me tembló la mano. Aprendí a contemplar con recelo el cuello blanco de las sirvientas.

 
 

D

 
 

Para el invierno tejió un edredón y no un manto de Turín: esa pieza con flores y huesos de arenque. Cuando subió al estrado, pensaba Dios mío sálvame y se aferró a ese clavo… Pero nadie la oyó. La plebe entretanto se negaba a despejar la sala. Según versiones, la noche anterior sostuvo ininterrumpidamente el Tanaj y cenó con desgano (como siempre que se practica algo de riesgo).

 

Una respuesta a “POEMAS de Dolores Labarcena (II)

  1. Tras la seda de las palabras, el abismo de lo premonitorio. Misterio.

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