TAMARA ROJO: por una DANZA sin FRONTERAS


TIEMPO DE HIBERNACIÓN celebra el nombramiento de Tamara Rojo como directora del English National Ballet (ENB), publicando una entrevista que la primerísima bailarina le concediera a Martha Sánchez hace algunos meses. La española sustituirá al canadiense Wayne Eagling el primero de septiembre y conducirá la compañía por los próximos cinco años. Su primer proyecto al mando del ENB será una nueva producción artística de La bella durmiente.  Le deseamos muchos éxitos en esta ansiada y nueva etapa de su carrera profesional.

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por Martha Sánchez

En las soleadas y calurosas calles de La Habana, Tamara Rojo asombra tanto como en el escenario del Covent Garden de Londres. Viste la sencillez y la humildad con el mismo encanto que los fastuosos trajes del Royal Ballet. La joven -de breve figura- parece extranjera únicamente por su color de piel, ajeno al sol del Caribe.

Cuando camina o habla con cualquier persona, nadie imagina la lista de lauros que atesora, entre ellos: la Medalla de Oro y el Premio Especial del Jurado en el Concurso Internacional de Ballet de París (1994), el Premio Positano Leonid Massine (2004), el Príncipe de Asturias (2005), el Benois de la Danza (2008), el Laurence Olivier (2010), y, recientemente, la Medalla de Oro por las Bellas Artes (2012), otorgada por el Centro para las Artes Escénicas John F. Kennedy.

Posee un repertorio de los más amplios, que va desde los clásicos hasta los contemporáneos. Ha asumido los disímiles estilos y la domina una virtud que la hace extraordinaria: trabaja continuamente, escucha a los maestros, respeta a sus partenaires y exige profesionalismo, primeramente a sí misma.

Tamara Rojo Portrait by Bernardo Doral

¿Cuán importante es para una bailarina actuar con inteligencia tanto en la vida como en la escena?

Es difícil contestar esa pregunta sin parecer arrogante. Ser inteligente es importante para todo en la vida. En la danza no basta tener unas condiciones físicas y buena técnica, también hay que estar en el momento justo, en el lugar apropiado y saberlo; o sea, ser consciente de que estás en el momento justo, en el lugar apropiado, o que no lo estás, y entonces tomas la decisión de irte. Las decisiones que van construyendo una carrera son personales, y obviamente van a estar influenciadas por nuestra capacidad de observación y sobre todo de decisión: el saber elegir un maestro en vez de otro, un repertorio que a uno le sirva, una compañía que le proyecte, renunciar a cosas, tanto en el plano personal como en el profesional… Yo renuncié a ser primera bailarina tres veces para volver a empezar en una compañía nueva. Pero creo que eso me ayudó; el saber que había llegado al límite en ese sitio y que era mejor empezar en uno nuevo. Era un riesgo que otras personas percibían como equivocación, pero uno tiene que tener visión de futuro. Todas esas cosas son decisivas en una carrera.

¿Por qué algunos artistas consideran casi una hazaña conquistar el público de Londres?

Londres tiene un público muy difícil, acostumbrado a toparse con una diversidad de opciones: teatro, cine, las mejores orquestas del mundo, las mejores obras, mucha variedad. Cuando van a verte, uno tiene que tratar de que no piensen al final del día: “tenía que haber comprado entradas para otro sitio”. Es un público cansado, estresado, que no aplaude lo que no le gusta, que no tiene miedo de abuchear o de levantarse e irse en pleno espectáculo. Londres es muy cara y la gente paga mucho dinero para ir a un teatro. Es una ciudad de amplia proyección internacional. Gran Bretaña tiene magníficas conexiones con sus antiguas colonias. Todo el mundo anglosajón está atento a lo que sucede en Londres, y las naciones asiáticas también. Entonces si algo funciona de verdad, la gente se entera.

¿En una ocasión declaraste a la prensa que querías ser «el Quijote de la danza»?

Eso tiene más que ver con la situación de la danza en España, con la escasez de estructuras y la falta de respeto por este arte. Más que decirlo yo, es lo que me suelen decir allí, que parezco “el Quijote de la danza” porque siempre me estoy quejando y diciendo: “esto no puede ser, esto debiera hacerse así”. El ballet clásico no está tan arraigado en España. Lo estuvo, pero lo han olvidado. Hoy niegan el pasado. Ellos dicen: “no, no tenemos tradición”, y es mentira. Los Ballets de Diaghilev se escondieron en Madrid bajo la tutela del rey durante la Primera Guerra Mundial. Allí conocieron a Picasso y crearon El sombrero de tres picos y muchas otras piezas. Nosotros tenemos tradición en la danza, pero la niegan. Lo verdaderamente frustrante es la falta de voluntad por parte de los políticos, y hasta que eso no cambie lo que yo haga no va a tener fruto porque sola no puedo lograr mucho. Tampoco puede ser que el público español esté patrocinando una compañía para el disfrute de un coreógrafo. Entonces, hasta que la situación no cambie en la élite política y realmente sean serios con respecto a las artes escénicas, no pasará nada.

Aunque nació en Montreal, Tamara, hija de españoles, se crio en Madrid. Ante la carencia de academias clásicas en la península, la joven se vio obligada a desarrollar gran parte de su carrera en el extranjero. Compañías como el Scottish Ballet y el English National Ballet la proyectaron internacionalmente hasta que, en el año 2000, Sir Anthony Dowell la contrató como Primera Bailarina del Royal Ballet de Londres, la compañía más relevante de Reino Unido y una de los puntales en el mundo.

La Rojo ha bailado, en calidad de invitada, con el Ballet del Teatro Alla Scala de Milán, el Mariinski y el Mikhailovsky, el Ballet de la Ópera de Niza, el Ballet de la Ópera de Berlín, el Julio Bocca Ballet Argentino, y el Ballet Nacional de Cuba, por sólo citar algunas de las tantas compañías donde ha sido apreciado su arte.

Las exigencias de la técnica clásica provocan graves lesiones a los bailarines y en ello, por desgracia, ya cuentas con experiencia ¿Qué enseñan las lesiones?

Yo, la verdad, no se las deseo a nadie, pero si vienen, hay que aprovecharlas para replantearnos cómo bailamos. Generalmente, las lesiones suelen venir de hábitos, a no ser un accidente, que nos puede pasar a todos. Pero es que incluso en los hombres que caen de saltos hay pocos accidentes que no guardan una razón mecánica detrás. Suele ser la consecuencia de una falta de fuerza en algún músculo, de falta de preparación para hacer un paso, o de calentamiento. Entonces, ya que nos obligan a parar, uno lo que tiene que hacer es aprovechar esas lesiones, replantearse cómo se está bailando, hallar qué no funciona, buscar un entrenador físico que ayude a superar el daño, prepararse y regresar. Volver a empezar hace mucho bien porque por el ritmo que llevamos los bailarines a veces nos volvemos automáticos y es bueno repensar lo que hacemos.

¿Cómo ves al Ballet Nacional de Cuba en comparación con otras compañías del mundo?

El nivel de la danza en Cuba es altísimo. La calidad de los artistas es muy difícil encontrarla en otras compañías, desde el cuerpo de baile hasta los primeros bailarines. Eso tiene que ver con la escuela cubana que obviamente es una de las mejores del mundo, y exporta bailarines a todo el planeta. Los cubanos han tenido una suerte tremenda de que un genio de la enseñanza como Fernando Alonso haya asentado las bases de una escuela nacional. Eso ha pasado solamente en dos ocasiones: con Bournonville en Dinamarca y con la Vaganova en Rusia. Generalmente, las compañías internacionales no tienen tan buenas escuelas y son eclécticas. Eso tiene de bueno que el artista recibe la influencia de varios tipos de escuelas y aprende. Por ejemplo, en el Royal Ballet hubo grandes bailarinas francesas como Sylvie Guillem, inglesas como Darcey Bussel, rusas, japonesas, y uno aprende de todas, pero, por otra parte, el cuerpo de baile se ve menos homogéneo. Es difícil crear un ambiente de cuerpo de baile en el que dancen todos los bailarines sincronizados, o de un mismo modo. La última gran compañía de escuela es el Ballet de Cuba.



¿Qué le aconsejarías al ballet cubano?

A mí me parece que ya está sucediendo. Por ejemplo, el que traigan coreógrafos extranjeros me parece muy buena idea, pues lo que falta en Cuba es la influencia exterior. Cuba está aislada, eso se nota en todo el arte cubano, que es retroalimentado constantemente por vuestras tradiciones, vuestra cultura, vuestra música, y eso tiene un límite. Llega un momento en el que se necesitan influencias de otros sitios. Le pasó a Rusia, a España. Lo mejor que pueden hacer es traer artistas de relieve mundial, pero, además, deberían entrar coreografías recientes, que, buenas o malas, les permitan repensar su propio arte.

Si bien eres una de las grandes estrellas de la danza a nivel mundial, también eres una joven muy sencilla en la calle. ¿Cómo ves la relación artista-público?

A mí me parece que para ser buen artista hay que tener relaciones normales con las personas. Tú no vas a ser capaz de entender qué es lo que lleva a una persona a matar por amor o por odio, a drogarse, si no estás consciente de cómo vive la gente, de qué es lo que pasa por los cerebros humanos todos los días. Y si te aíslas como artista te vuelves totalmente esquizofrénico y dejas de entender a las personas. Eso atañe no solo a los bailarines. Se aprecia en los artistas del pop, que no pueden salir a la calle ni mezclarse con la gente. Se vuelven excéntricos. Eso le sucede a cualquiera que no pueda sostener una relación normal con sus semejantes. Los mejores artistas que conozco, de cualquier campo, son humildes. Siempre hay alguna excepción, pero generalmente son personas autocríticas, que no se ponen por encima de los demás.

¿Por qué te hiciste bailarina?

No fue una decisión consciente. Simplemente un día entré a una clase de ballet y no quise volver a salir nunca más. Fue una revelación. Yo sabía que allí era donde quería estar, pero no conocía lo qué era ser bailarina porque en España no se veía ballet. Realmente ignoraba lo que estaba haciendo, solo sabía que me gustaba hacerlo.

¿Cuál ha sido tu carta de triunfo?

El trabajo y la humildad para saber que siempre hay alguien con quien se puede aprender, siempre hay maestros que pueden enseñar algo más.

¿Los premios cambiaron algo en Tamara Rojo?

Cambiaron en que aumentan mi responsabilidad ante el público. Cambia en que los teatros se llenan más. Ahora la danza clásica goza de un poco más de importancia en España. Hay puertas a las que llamo y se abren. Antes no se abrían. Esas cosas cambian, pero no mi esencia.

Actualmente compaginas tu quehacer escénico con la enseñanza como maestra invitada de la escuela del Royal Ballet. ¿Qué te falta entonces por hacer?

Lo que realmente quisiera es entrar en la dirección artística. A mí me gustaría ser la persona que junta los talentos porque estoy en una situación privilegiada. Viajo por todo el mundo, conozco a gente especial en todas partes, que a lo mejor nadie les da la oportunidad para lucir, y eso quiero hacer yo: darles ese chance necesario. Quiero tener una compañía a donde pueda invitar a lo mejor de todo el mundo, sin nacionalidades, como es la danza misma, sin fronteras.

SOHO_J1-12 001

 

2 Respuestas a “TAMARA ROJO: por una DANZA sin FRONTERAS

  1. Martha Sánchez

    Gracias mi querer, te quedó bello ese montaje y la edición muy bien.

    Un fuerte abrazo para ti y mi agradecimiento.

    Tu Marti

  2. pura beleza e delicadeza….

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