Síndrome de la Cebolla

O

A PROPÓSITO DE LA TRADUCCIÓN DE “SEEKIN´ THE CAUSE”

 

por Rafael Álvarez Rosales

 

PINERO

 
 
 
 

Vínculo: SEEKIN’ the CAUSE, de Miguel PIÑERO (5 marzo, 2012)

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Reflexiones sobre una práctica o La traducción como forma de conocimiento

En “Seekin´ the Cause”, del poeta nuyorican Miguel Piñero, el hablante poemático indaga la causa última de los malestares que azuzan a su comunidad y a otros guetos del New York (acaso el Lower East Side) de finales de los 70 y principios de los 80. En el camino de esa búsqueda, revela que él mismo es pieza de la gran orquestación que reduce y cosifica la humanidad de los marginados.

Inserto en la línea temática de la denuncia, este poema logra salvarse del tufillo panfletario al que muchos de los poemas sociales se ven sujetos. Es sin duda un texto que desafía y motiva el ejercicio de la traducción. El empleo de jerga así como de referentes tanto populares como menos conocidos obligan al traductor a sumergirse en las ingentes extensiones de las aguas contextuales. A continuación expongo una selección de los casos e incidencias más significativos con los que lidié.

La primera decisión que tuve que tomar fue con “uptown… downtown… midtown… crosstown”. No ya sinónimos, sino conceptos similares o parecidos no existen en español. Sólo downtown comparte una noción de fondo y sentido con centro (de la ciudad). Pero si hubiera dejado la palabra centro, el golpe de efecto linguoestilístico se perdería. Tomé entonces la decisión de respetar el original por intraducible.

La segunda decisión fue con “thinkin´ the cause was sellin´ the white lady to black/children”. Había dos alternativas. La primera era irse por el supuesto del coded word. Asumir “white lady” como código callejero de la época para indicar “cocaína”, clave que intentó, en su invención, burlar el filtro policial. Efectivamente, fue una de las invenciones cifradas para nombrar esa droga, junto con otras como snow, nose candy, flake, blow, big C, white, snowbirds. Sabiendo ya que “white lady” refería la cocaína por codificación, y que siguiendo esta premisa podía traducirse tal cual, “cocaína”, la segunda alternativa era hacer una transferencia casi literal del sintagma en cuestión al español. El porqué de esta alternativa, finalmente mi elección, se justifica en el hecho de enfatizar la desconcertante paradoja del statement piñeriano cuando sitúa en un mismo y dialogante nivel al narcotráfico y la niñez. Cuando traduzco “the white lady” como “la damisela blanca” estoy intentando aportar un efecto dramático. Toda vez que preservo el vuelo del imaginario del cuento de hadas cristalizado en la figura de la damisela blanca, enfatizo la inocencia de esos niños y, por contraste, el desconcierto por la venta de la droga a ellos, al tiempo que también preservo el efecto plástico o visual logrado por Piñero, connotado antitéticamente con lo blanco y lo negro.

Otro de las encrucijadas en las que me encontré se ubica en “thinkin´ the cause is to be found in gypsy rose or j.b.” Primero sobrevino la necesidad de investigar que es o era “gypsy rose” y “j.b.” Las minúsculas me perturbaban al igual que la voz pasiva y la referencia a los nombres como locativos. En el poema la aparición de Gypsy Rose, nombre artístico de Ellen June Hovick (1911-1970), performer de Burlesque, ilusionista del desnudo, refiere uno de los tantos bares o centros nocturnos que acogieron como suyo (y con el fin de atraer clientela masculina) el nombre de la famosa stripper norteamericana. Luego, por extensión, asumí “j.b.”, también en minúscula, como el nombre de otro bar igualmente concurrido.

Sin duda fue “singin’ du-wops in the park after some chi-chiba” una de las incidencias más prolongadas que tuve. No hubo texto cultural alguno que me ayudara a descifrar qué cosa era “chi-chiba”. Padecí semanas y días de constante remordimiento por mi incapacidad de deconstruir el enigma. A punto de naufragar, decidí escribirle a quien fue amigo personal de Piñero en vida, el también poeta y académico Miguel Algarín, quien me esclareció que no iba a encontrar ningún texto que arrojara luz sobre “chi-chiba” porque esa palabra fue una invención del grupo de amigos que fundó el Nuyorican Poets Café.

Chi-chiba es un concepto de hilarante raíz metonímica y onomatopéyica. Todo parte de Sonny Chiba, uno de los actores más conocidos del cine de artes marciales y que alcanzó gran popularidad en Estados Unidos en la década del 70. El grupo de poetas amigos, en una de esas memorables noches de la bohemia nuyorican, decidió traer una nueva palabra al mundo, palabra que refiriera y encerrara el concepto de bronca callejera, como esas en las que ellos se veían inmersos en el barrio, ajuste de cuentas al old fashion way. Chiba se les aprestaba por analogía (peleas marciales de sus películas) a esa necesidad, pero había que ir más allá, y representar lingüísticamente el fenómeno acústico de la pelea o de los golpes. Todo se solucionó con la reiteración de la simpática y pintoresca primera sílaba chi.

Por último, quiero referirme a otro de los casos conflictivos durante el proceso de traducción: “found/ in the bowery with the d.d.t.´s”. Como ya se apreciaba anteriormente, este es un poema que transpira la atmósfera y las locaciones neoyorquinas. En el caso de Bowery, disminuido por el autor con la minúscula (sería interesante hacer un estudio sobre el porqué de la demeritación de nombres propios y topónimos en la poesía de Miguel Piñero); repito, en el caso de Bowery, estamos refiriéndonos a una calle del Lower East Side de Manhattan, situada entre el Barrio Chino y la Pequeña Italia, y que da nombre al suburbio adyacente, donde por decenios vivió la población de extracción más humilde de Nueva York, conformada principalmente por latinos y afroamericanos.

En el caso de “d.d.t.´s” y su hermética conformación a partir del uso de siglas, sucedió algo parecido a lo de “chi-chiba”. Fue muy estresante. La clave de sentido me fue dada por “in the potter´s field of an o.d.” En este verso, anterior al que me ocupa, desentrañé los grafemas “o.d.” desde el registro lingüístico clínico: overdose. Entonces, recurrí nuevamente a la jerga médica para explorar la posibilidad de una solución, y funcionó. Llegué al alumbramiento exegético de que el autor establece un juego de sonido y sentido entre el insecticida D.D.T., usado como alternativa barata de drogadicción, y D.T. (delirium tremens).

Ya cuando terminé de traducir todo el texto, me asaltó la duda de si debía incluir notas al pie para explicar algunas de las incidencias léxicas. Finalmente decidí prescindir de esas notas porque esterilizan el acto mismo de lectura de este poema que fue creado no para ser leído sino para ser recitado (performance).

 
 

Conclusión o Del traductor, ese comensal de cebolla

Releyendo mi variante al español del poema “Seekin´ the Cause” vuelvo a constatar que la traducción no es un mero acto de trasvase; más bien es una indagación cultural en el sentido más amplio, indagación ideoestética e ideoestilística, y por consiguiente, un acto de fe cifrado en el ejercicio mismo de la creación. No sólo se trasladan palabras, sino (inter/intra)contextos, cosmovisiones, ideologías. El traductor es como un Ulises asido a los despojos de su naufragio. Es su tenacidad lo que lo mantiene a flote. Sólo él es inmune al síndrome de la cebolla y sus bombas lacrimógenas; sólo él puede abrirse paso desde el corazón del fruto y conquistar los retos que le imponen las múltiples capas o membranas, o debería decir contextos, para llegar a una definición mejor. Es un comensal de cebolla, y en la deglución halla el deleite que pocos encuentran: la reconciliación con el conocimiento.

 

2 Respuestas a “Síndrome de la Cebolla

  1. Tu participación como comentarista privilegia el artículo, el blog. Tomaré muy en cuenta tus sugerencias.

  2. Muy buen texto. Creo que has sido poco arriesgado en las posibles traducciones al español de los compuestos de “town”, aunque hubieras tenido que recurrir a neologismos, pero pudiste seguir un procedimiento semejante al de “white lady”. El traductor, como Ulises, a veces ha de lanzarse a lo incierto, a la aventura.

    En eso te pareces a Martí, que dejó algunas palabras en inglés en sus inacabadas traducciones poéticas, al parecer porque esos vocablos le parecían intraducibles. Pero creo que en este caso podías arriesgarte.

    El párrafo final es de culto. Buen texto y bueno que compartas tus desvelos intentando decodificar signos, jergas, siglas…

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