COMENTARIO LITERARIO: Agasallo de Sombras

 

por Rafael Álvarez Rosales

 

 

Después de una lectura detenida de Agasallo de Sombras, pieza del dramaturgo Roberto Vidal Bolaño, a quien se le dedica justamente hoy el Día de las Letras Gallegas, pareciera que “Negra Sombra” no vio la luz en 1880. Y digo pareciera que este poema no fue divulgado hace 133 años porque la obra cumbre de Bolaño, no el chileno-mexicano, sino el gallego, obra que me ocupa el día de hoy y que fue estrenada 104 años después de la publicación de Follas Novas, donde aparece recogido el poema en cuestión; esta obra teatral, repito, contempla un agón fantasmagórico donde Rosa (la Rosalía de Castro joven, VIVA, de unos 23 años), tiene que lidiar y coexistir con su propio convoy de muertos, o debería decir sombras: presencias acosadoras como  Rosalía (ella misma, 25 años después, ya MUERTA y atrapada en el interregno entre mundo material y espiritual), Manuel Murguía, el cónyuge ausente, la tisis, entre otros.

“Para mí y en mí misma moras/ nin me deixarás ti nunca/ sombra que sempre me asombras”. Así reza el poema referido que se aviene muy bien a la duplicación que le otorga Vidal Bolaño a Rosalía, en procura de un examen de conciencia. ¿Pero qué problema afronta un creador cuando quiere ficcionalizar una figura del calibre de la Castro con el propósito de humanizar su biografía? Hay que hablar entonces, en el sentido estricto de lo ficcional, de nociones como mímesis y verosimilitud que han sido arduamente mediadas y manoseadas en el caso de Rosalía a lo largo de casi 150 años, esquemas que en tanto prescriben y dictan, embalsaman hasta volver mármol la figura de la poeta.

Para nadie es un secreto que Rosalía de Castro apenas muerta fue arrastrada al quirófano de los ideólogos regionalistas y posteriormente nacionalistas gallegos. En decúbito supino su biografía sentimental fue diseccionada y reconfigurada en la narrativa ejemplar y ejemplarizante que estos ideólogos necesitaban para ofrendar a su pueblo la rosa de los vientos gallega. A esta elaborada puesta en escena algunos exégetas de finales del siglo XX y principios del XXI llaman mitificación.  Y no están errados del todo. El mito supone una disección, un  filtro, ocultamiento de la verdad. Yo, en cambio, prefiero llamar a este proceso sufrido por la autora de Cantares Gallegos, sacralización. El constructo rosaliano no es sólo patrimonio de la comunidad letrada gallega, sino también de su pueblo todo. ¿Cómo entonces ficcionalizar, cómo entonces desacralizarla?

 

2. 1984. Cartel. Agasallo de sombras

 

En La ficcionalización: dimensión antropológica de las ficciones literarias, Wolfgang Iser habla de humanizar al personaje exponiéndolo a sus propias represiones, contrapuestas a estímulos de revelación. Esto permite que pugne internamente y alcance el éxtasis, que para Iser es el estar y el salir simultáneamente de sí mismo, refronterizar sus límites de aceptación y tolerancia, así como la consecuente capacidad de reacción a esos estímulos. Esta suerte de óptica relativista es la que alcanza Rosa a través de su alter ego Rosalía.

Rosalía, además de su proyección como doble en negativo de Rosa, que viene del futuro, tiempo de la muerte, para sugestionarla y propiciar un cuestionamiento de su propia vida íntima y relación con Murguía, cumple el rol que los helenos llamaron ángelos o mensajero, aquel que porta la información extraescénica. Ella es quien le da acceso a eventos desafortunados que Rosa desconoce y que están lejos de su alcance; hechos que toman lugar en Madrid, como cuando le confiesa que Murguía está teniendo asuntos de falda con otras mujeres, o hechos que ocurren en el tiempo posterior a su muerte anunciada, cuando delata que Murguía quemará las cartas que ella le envió en vida para que no quede constancia física de sus miserias personales, crisis económica y conyugal. En ambos casos, la sombra-Rosalía canaliza incidencias diegéticas. En otros casos, este personaje cumple una función metadramática, como cuando interrumpe a Tisis para decirle, parafraseo: “No ha de ser de ti de quien Rosa muera”. En este sentido, Rosalía, Tisis y Rosa conforman una suerte de unidad trinitaria. Aunque sólo Rosalía y Tisis pertenecen y ofician desde una misma dimensión, la fantasmagórica, ambas inciden sobre Rosa: la primera para despertarla de su letargo doméstico, la segunda para socavar su cuerpo enfermo. Lo tremendamente revelador en términos de visión autoral es que Murguía a tientas coexiste con Rosa como una de sus sombras y lleva consigo o sobre sí la capa que identifica a Tisis. En otras palabras, la tisis se corporeiza en Murguía, él también ha socavado la salud física y mental de su esposa. Él también queda atrapado en el espacio de la casa de Padrón, pregunta como un obseso por el sitial de las cartas, por las cartas, quiere quemarlas.

 

2. Aguirre Rosa

 

Murguía funge como censor de un cuerpo epistolar que él supo muy bien redefiniría, al ser encontrado, la visión que la posteridad tendría no sólo sobre la dinámica matrimonial de ambos, sino también sobre el carácter impulsivo y honesto de Rosalía de Castro, naturaleza que él se empeñó en domesticar en vida y maquillar en muerte de la poeta. En este sentido se justifica la inserción en esta presentación de dos de las cartas sobrevivientes a la censura por fuego de Murguía, cartas en las que Roberto Vidal Bolaño se apoyó para diseñar a sus personajes e incluso ir más allá, parafraseándolas en voz de Rosa:

Tercera carta recuperada (fragmentos)

Mi querido Manolo: No debía escribirte hoy, pues tú, que me dices lo haga yo todos los días, escaseas las tuyas cuanto puedes (…) Ya me vas acostumbrando, y como todo depende de la costumbre, ya no me hace tanto efecto; sin embargo, estos días en que me encuentro enferma, como estoy más susceptible, lo siento más (…) Yo prosigo con mucha tos, mucha más que antes, aunque me cesaron los escalofríos (…) Te confieso que lo mismo me da, y que si en realidad llegase a ponerme tísica, lo único que querría es acabar pronto (…) ¿Quién demonio habrá hecho de la tisis una enfermedad poética? La enfermedad más sublime de cuantas han existido (después de hallarse uno a bien con Dios) es una apoplejía fulminante, o un rayo, que hasta impide, si ha herido como buen rayo, que los gusanos se ceben en el cuerpo convertido en verdadera ceniza.

Cuarta carta recuperada (fragmentos)

Sí; estoy de un humor sombrío, y puede que estuviese del mismo modo aun cuando no tuviese motivos para ello. Estando lejos de ti vuelvo a recobrar fácilmente la aspereza de mi carácter, que tú templas admirablemente, y eso que a veces me haces rabiar, como sucede cuando te da por estar fuera de casa desde que amanece hasta que te vas a la cama, lo mismo que si en tu casa te mortificasen con cilicios. Entonces, lo confieso, me pongo triste en mi interior y hago reflexiones harto filosóficas respecto a las realidades de los maridos y a la inestabilidad de los sentimientos humanos. Pero a pesar de esto te quiero mucho y te perdono todo fácilmente, hasta que me digas que te gustan otras mujeres, lo cual es mucho hacer.

Como se aprecia en estos perturbadores fragmentos, sobrevivientes al rencor de la censura, Rosalía de Castro se expresa frontalmente y cuestiona el proceder de su marido al tiempo que nos deja ver tensiones existentes, reticencias. Estas cartas dieron pie a Vidal Bolaño para formular una propuesta de revisitación y actualización de estos referentes simbólicos nacionales, bajarlos del pedestal y ponerlos a caminar con el gallego de a pie, por la alameda.

Al ser entrevistado a propósito de la recepción polémica de esta su obra, Vidal Bolaño declara:

A obsesión de todo aquel mundo que rodeaba a Rosalía de facela á medida e comenencia deles mesmos séguese a dar hoxe e aquí no terreo da cultura. Por razóns diferentes, todos pretendían obrigala a que fose dunha maneira determinada: a súa nai para que non manchara máis á familia; Murguía porque necesitaba a existencia dunha poesía importante en lingua galega que completase a súa teoría de Galicia como rexión… Cultura é o que eu penso e non aquilo que fai o que a dirixe. Neste senso, non coido que este espectáculo teña nada de arqueolóxico. Por outra parte, o mito de Rosalía é algo que se segue alimentando con verdades a medias, e falar hoxe daquel tempo con aportacións que non pretenden ser científicas, senón que se asumen dende o plano tremendamente libre da creación, é, como se dixéramos, que os feitos pasados se poden ver con máis criterios que os meramente historicistas, sobre todo cando estes construíron esa realidade, pasada, a súa maneira.

La Rosalía de Agasallo de sombras no es esa Matria Gallega dulce, lírica, contenida, abnegada y silenciosa.  Roberto Vidal Bolaño, siguiendo los pasos del propio Carballo Calero cuando desestima a Rosalía como “santiña”, la libera de las ataduras que gran parte de la tradición ha instituido y consensuado; nos devuelve, para beneplácito de los que no tememos la verdad, a la mujer.

 

3. RVB

 

8 Respuestas a “COMENTARIO LITERARIO: Agasallo de Sombras

  1. Me gusta leer que sientes a Galicia como especie de “patria espiritual”, porque eso te aleja de los oportunismos y de generalizaciones absurdas en las que alguna vez me quisieron inmiscuir; como si una lengua, su encanto, cualquiera que esta sea, no fuera suficiente incentivo para estudiarla y conocerla. Como si la lengua no fuera, de los terrenos conocidos, el más seguro y al mismo tiempo el más misterioso.

    Pero la gente infeliz e insegura siempre intenta hacer de su opinión o sus mezquindades un gueto, incluyendo y juzgando a los demás por sus propias miserias y limitaciones. Por suerte, la lengua y la cultura gallegas están por encima de todo eso.

    Pasando a otras consideraciones: después de nuestra conversación, he leído tu entrada con atención y no encuentro ningún lenguaje relajado, ni siquiera coloquialismos o intentos de postcrítica. Lo no académico estaría, en todo caso, en la ausencia de referencias y notas, pero eso de la cantidad de notas es pseudoacademia, ya sabes que la cantidad de notas por artículos o epígrafes exigidos en ciertos predios es como el cumplimiento en la temporada de papa. La CPA tiene que sobrecumplir. Yo no veo ningún relajamiento en tu lenguaje, nada que no esté encauzado en el tono general de tu artículo.

    Repito la conclusión a la que llegamos en nuestra conversación, para que quede escrita: no por (pseudo)académico y (pseudo)teórico lo que se dice tiene sentido y profundidad; y no por relajado y espontáneo lo que se plantea deja de ser profundo y pertinente. Sophrosyne, esa es la solución.

    Solo un detalle: al principio del artículo te refieres al mito Rosalía, entendiendo el término “mito” como “endiosamiento”, “sacralización”, relacionado con aquello que Virgilio Piñera atribuyó a los “lecheros del alma” al hablar de Emilio Ballagas. Pero el término “mito” es mucho más amplio y complejo, más plurívoco y expansivo. Tu concepto de “mito” se relaciona con las acepciones 3 y 4 del DRAE, y creo que es el sentido blanqueado por siglos de cristianismo; la historia del lenguaje está llena de puritanos y lecheros. Pero yo soy pagano, y reservo el término “mito” para cosa menos sagradas y menos esquemáticas.

    Un saludo y gracias por el artículo.

  2. Muy interesante, no conocía hasta ahora nada de Vidal Bolaño…

  3. Suzanne Jill Levine

    ..y qué bien el epígrafe de Baudrillard…

  4. Suzanne Jill Levine

    Viva Galicia: escrito muy interesante!
    sjl

  5. Pingback: Bitacoras.com

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