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Pyotr VAIL y Alexander GENIS: COCINA RUSA EN EL EXILIO (Fragmento II)

TRADUCCIÓN DEL RUSO:

DARIA SINITSYNA

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EL TÉ NO ES VODKA PARA TOMARLO POR LITROS

Es natural que el vodka se considere la bebida nacional rusa. No tenemos ningunas ganas de desmentirlo ya que sería una tontería, pero es necesario por el bien de la verdad. Porque también tenemos té.

El té llegó a Rusia desde China en 1638, o sea cien años antes de que lo conocieran, digamos, en Inglaterra. Desde entonces se ha convertido en el símbolo y a veces en la esencia de la sobremesa rusa. El samovar ha pasado a ser una manera de vivir. Una obra de Ostróvskiy o Chéjov es inconcebible sin uno. El tomarlo ha formado un pasatiempos específico ruso: conversaciones largas sobre el sentido de la vida, casas de campo, ruiseñores y cosas por el estilo…

Y eso que ahora en Rusia no saben tomar té. Como sucede muchas veces, para disfrutar de la cocina rusa hay que salir al exilio. No es que aquí entiendan mucho, pero en EE UU hay todo lo necesario para un goloso de verdad.

Antes que todo, olvídese de los paqueticos. Que no le confunda la rapidez del procedimiento o el precio. Puede preparar una taza de té fantástico en diez minutos e incluso los mejores no cuestan más de tres céntimos por vaso. Al paquetico le echan polvo, lo peor. Además, el pegamento al diluirse en la taza arruina el sabor.

Otro error histórico es la costumbre de echarle agua al ya preparado. Esta costumbre nace en la pobreza y se convierte en el prejuicio de que el té fuerte es dañino. No hay eminencia médica que no afirme que uno fortísimo preparado correctamente es muy bueno para la salud. Muchos dicen que el amor de los anglosajones a esta bebida les permitió crear un imperio universal. En cambio, la invención de los paqueticos lo llevó a la ruina.

Es alucinante la facilidad de preparar el té. Lo único que se necesita es el esmero. En principio, cocinar es un arte único en el cual la aplicación vale más que el talento.

Caliente una tetera de porcelana, échele té  –una cucharadita por cada taza más una por la tetera– y luego agua hirviendo (que no lleve mucho hirviendo). Déjelo reposar cuatro minutos (si más, va a saber amargo). Lo mezcla y lo echa a las tazas.

El té de verdad puede tomarse con azúcar pero sin limón o mermelada, que quitan el aroma. Si le gusta el inglés, observe la sucesión: échelo a la leche y no al revés. Cuesta creer que la mayor parte de la humanidad es incapaz de seguir estas reglas elementales y se toma un mejunje asqueroso en vez de gozar de una bebida realmente feérica.

En cualquier ciudad estadounidense hay una tienda donde venden los mejores por peso. Además, por todas partes existe el famoso té en lata de la marca inglesa Twinings. El mejor es el indio Darjeeling. También son muy buenos y olorosos los tés negros chinos de calidad, por ejemplo, el Yunnan. Para el té con leche queda mejor el de Ceilán. Y después de una comida fuerte es imprescindible el verde japonés. El chino Lapsang huele un poco a humo. Si lo añade a cualquier té negro, provoca recuerdos nostálgicos de haberlo tomado en el bosque.

A los amantes de sensaciones exóticas podemos recomendarles la variante calmuca  aproximada a las condiciones urbanas. Se prepara un té negro muy muy fuerte con leche hirviendo (¡sin agua!). Se añade un poco de sal y mantequilla. El té calmuco quita la borrachera, lo cual nunca está de más. Sobre todo si recordamos el antiguo refrán ruso: “el té no es vodka para tomarlo por litros”.

Pyotr Vail y Alexander Genis: Cocina rusa en el exilio (Fragmentos I)

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TRADUCCIÓN DEL RUSO: DARIA SINITSYNA

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Prólogo: Impulsos deliciosos del alma

Los japoneses, al declararse, no se llevan la mano al corazón sino al estómago. Están seguros de que el alma vive en la barriga. Por eso se hacen el haraquiri soltando el alma para que levite libre. Lo cual es una manera muy dolorosa de confirmar la naturaleza metafísica de uno.

Un hombre blanco, hablando de cosas trascendentes, se da palmaditas en el bolsillo de la chaqueta, donde pueden estar un bolígrafo Parker, un pañuelo o incluso una cartera pero de ningún modo, el alma. Está tres botones más abajo. Podemos acostumbrarnos a cualquier latitud, longitud u orografía pero el cordón umbilical que nos une a la casa va, naturalmente, desde la barriga y no desde el corazón. Corazones, los hay diferentes, igual un mono tiene uno, pero el estómago es una cosa que no se rige. Intenta convencerlo de que un aguacate no es un adorno sino comida…

Los hilos que unen a una persona y su patria suelen ser distintos: una gran cultura, una nación potente, una historia gloriosa. Pero el hilo más fuerte se extiende de la patria al alma. Léase, al estómago. Estos ya no son hilos sino cuerdas, cables de Manila. Sobre la nación, la cultura, la historia, las discusiones duran noches enteras. Pero, ¿acaso se discute el vobla?

Uno no puede llevarse la patria en las suelas de las botas pero sí se pueden llevar las centollas de Kamchatka, sardinillas en escabeche a lo Tallinn, tartitas de barquillo “praliné”, bombones tipo “Osito en el norte”, agua mineral Yessentukí. Con este surtido vivir en tierras ajenas es más fácil y más divertido. Aunque en una mesa servida de esta manera todavía caben recuerdos nostálgicos. Ora, envuelto en una bruma rosada sale “studen”, que valía 36 kopeks, ora empanadillas de mermalada, ora borsch s.c. Además,  la grasa caliente de las chuletas, el roast-beef sangrante, la empanada de Strasbourg. Pero nos perdonan, ya esto no es nostalgia sino clásicos. Como decía el profeta de nuestra fea generación Vénichka Eroféev: “Al hombre solo le es dada una vida y hay que vivirla sin equivocarse de recetas”.

Claro que nuestras recetas no están sacadas de la enciclopedia culinaria Larousse y sin embargo poseen una ventaja indiscutible: son nuestras. Creadas por la mente colectiva de las masas, impregnadas del olor (¿tufo?) de la patria. ¿Acaso podemos renegar cosas así? Bueno, siempre habrá vegetarianos o ateos, que afirman que el alma como tal no existe. Pero, ¿realmente merece la pena hablar de la gente para la que nada es sagrado?

 Portada de la última edición de Comida rusa en el exilio

Olla, conservadora de tradiciones

Si le gusta comer, si sufre de una nostalgia natural por las reliquias culinarias de la patria abandonada, si le son caras sus tradiciones, cómprese una olla. ¡Una olla grande, de barro glaseado con una tapa pesada es algo increíble! Toda la cocina rusa ha salido de una olla, como los escritores rusos salieron del “Capote” de Gogol.

El progreso técnico ha determinado la invención de cacerolas de aluminio. Pero Usted puede recuperar lo perdido comprando este objeto sencillo, don de ancestros lejanos. La cosa es que los gruesos muros de una olla de barro se calientan lenta y uniformemente. La comida dentro no se cuece sino se estofa conservando todas las vitaminas, proteínas o lo que sea.

Pero lo esencial es, sin dudas, el sabor. La comida preparada en una olla adquiere la suavidad, el refinamiento y la nobleza del espíritu propio de los mejores logros de la antigua cocina rusa.

Vamos a tomar, digamos, un pedazo de solomillo de vaca como de tres libras. Se pican menudo dos cebollas grandes y se echan al fondo de la olla. Por encima se pone la carne sin cortar, se añade pimienta negra en grano y hoja de laurel y se pone la olla en un horno no excesivamente calentado. En ningún caso se echa agua o sal a la carne. La olla lo hará todo sola y dentro de dos horas y media o tres le saldrá un estofado suavísimo, lleno de jugo de cebolla mezclado con el de carne. Mientras tanto, podemos hacer la salsa.

En una sartén seca se dora un poco de harina hasta que huela a avellanas (sí olerá, no se preocupe), y se le echan dos vasos de smetana. Cuando se deseche un poco, se añaden tres cucharadas de mostaza de Dijon. Ahora tenemos que adobarlo con jengibre, mejorana, ajo y echar la salsa a la carne. En este momento se le pone sal también.

Otra media hora en un horno no muy caliente y ya tiene un estofado a lo mercader, orgullo del restaurante moscovita “Bazar Eslavo”.

La carne se puede comer con los labios, es tierna, picante y olorosa. Y si le ponemos de guarnición trigo sarraceno, ya puede invitar al jefe a una comida “a la russe”.

De igual manera se cocinan en la olla conejo o pollo. También es posible poner pescado, echarle huevos batidos con leche, mucho (medio vaso) de eneldo fresco y dentro de una media hora servir el pescado, tierno como una novia ante el altar.

Cocinar con una olla es muy fácil porque después de meter los ingredientes dentro ya no tienes que hacer nada. El único problema es conseguirse una. Lo más fácil es buscar en las tiendas que venden cosas para emigrantes africanos o caribeños. En aquellos países atrasados las ollas son corrientes e imprescindibles. Y una cosa más: nunca ponga una olla al fuego abierto. No le gusta y se llena de grietas.

de ENTREMIRADAS II Galicia-Cuba

 

traducción al gallego: Rafael Álvarez Rosales

s/t, Caridad Atencio

La cruz es más azul, más oscura que el mar. Y un rayo la conforta, le da una estela. Al confín has llegado donde se inicia todo. Aunque me espera el mar, todo comienza con la muerte o acaba con la fe de la estela. ¿Cómo quedaba un cuerpo allí? Marcando el arribo infructuoso, el fallido abandono. La cruz como una brújula entre los arrecifes dotando de esplendor a un símbolo. Y las piedras que suben en su lado derecho son un monje que reza sin rostro, sin mirada. La cruz es más azul, más oscura que el mar. El mar es el destino.

 

s/t, Caridad Atencio

A cruz é máis azul, máis escura que o mar. E un raio confórtaa, dálle un ronsel. Chegaches ao confín onde se inicia todo. Aínda que me agarda o mar, todo comeza coa morte ou remata coa fe do ronsel. ¿Cómo ficaba un corpo alí? Marcando o arribo infrutuoso, o errado abandono. A cruz como un campás entre os arrecifes dotaba de esplendor a un símbolo. A as pedras que soben ao seu lado dereito son un monxe que reza sen rostro, sen ollada. A cruz é máis azul, máis escura que o mar. O mar é o destino.

 

Niña, ca. 1904. Joaquín Sorolla

Niña, ca. 1904. Joaquín Sorolla

 

ARRECIFE, Antón Arrufat

En el oleaje vuelven,
ponen los pies en la arena,
sobre la verdinegra huella del agua.

Resbalan en el musgo,
hincan sus dedos
en el diente de perro,
que los acoge sin un ladrido,
saltan y se sientan sobre el muro
que divide la vida del pasado:

Son los amigos, los amantes, la hermana.
Muertos o vivos, tienen
esa forma de volver
sobre la sal,
para retocar sus vidas,
darles un brillo, un acento,
rectificar un juicio,
el amor insepulto,
como pudieron haber sido.

Traen antiguos encendedores.
La llama en el viento del arrecife
no se apaga, no se apaga.

 

ARRECIFE, Antón Arrufat

No ondada volven,
poñen os pés na area,
sobre a verdenegra pegada da auga.

Esvaran na carriza,
fincan as súas dedas
no dente de can,
que os acolle sen ladrar,
saltan e sentan sobre o muro
que divide a vida do pasado:

Son os amigos, os amantes, a irmá.
Mortos ou vivos, teñen
ese xeito de volver
sobre o sal,
para retocar as súas vidas,
darlles un brillo, un acento,
rectificar un xuízo,
o amor insepulto,
como puideron ser.

Traen antigos esqueiros.
No vento do arrecife o lume
non se apaga, non se apaga.
 

Síndrome de la Cebolla

O

A PROPÓSITO DE LA TRADUCCIÓN DE “SEEKIN´ THE CAUSE”

 

por Rafael Álvarez Rosales

 

PINERO

 
 
 
 

Vínculo: SEEKIN’ the CAUSE, de Miguel PIÑERO (5 marzo, 2012)

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Reflexiones sobre una práctica o La traducción como forma de conocimiento

En “Seekin´ the Cause”, del poeta nuyorican Miguel Piñero, el hablante poemático indaga la causa última de los malestares que azuzan a su comunidad y a otros guetos del New York (acaso el Lower East Side) de finales de los 70 y principios de los 80. En el camino de esa búsqueda, revela que él mismo es pieza de la gran orquestación que reduce y cosifica la humanidad de los marginados.

Inserto en la línea temática de la denuncia, este poema logra salvarse del tufillo panfletario al que muchos de los poemas sociales se ven sujetos. Es sin duda un texto que desafía y motiva el ejercicio de la traducción. El empleo de jerga así como de referentes tanto populares como menos conocidos obligan al traductor a sumergirse en las ingentes extensiones de las aguas contextuales. A continuación expongo una selección de los casos e incidencias más significativos con los que lidié.

La primera decisión que tuve que tomar fue con “uptown… downtown… midtown… crosstown”. No ya sinónimos, sino conceptos similares o parecidos no existen en español. Sólo downtown comparte una noción de fondo y sentido con centro (de la ciudad). Pero si hubiera dejado la palabra centro, el golpe de efecto linguoestilístico se perdería. Tomé entonces la decisión de respetar el original por intraducible.

La segunda decisión fue con “thinkin´ the cause was sellin´ the white lady to black/children”. Había dos alternativas. La primera era irse por el supuesto del coded word. Asumir “white lady” como código callejero de la época para indicar “cocaína”, clave que intentó, en su invención, burlar el filtro policial. Efectivamente, fue una de las invenciones cifradas para nombrar esa droga, junto con otras como snow, nose candy, flake, blow, big C, white, snowbirds. Sabiendo ya que “white lady” refería la cocaína por codificación, y que siguiendo esta premisa podía traducirse tal cual, “cocaína”, la segunda alternativa era hacer una transferencia casi literal del sintagma en cuestión al español. El porqué de esta alternativa, finalmente mi elección, se justifica en el hecho de enfatizar la desconcertante paradoja del statement piñeriano cuando sitúa en un mismo y dialogante nivel al narcotráfico y la niñez. Cuando traduzco “the white lady” como “la damisela blanca” estoy intentando aportar un efecto dramático. Toda vez que preservo el vuelo del imaginario del cuento de hadas cristalizado en la figura de la damisela blanca, enfatizo la inocencia de esos niños y, por contraste, el desconcierto por la venta de la droga a ellos, al tiempo que también preservo el efecto plástico o visual logrado por Piñero, connotado antitéticamente con lo blanco y lo negro.

Otro de las encrucijadas en las que me encontré se ubica en “thinkin´ the cause is to be found in gypsy rose or j.b.” Primero sobrevino la necesidad de investigar que es o era “gypsy rose” y “j.b.” Las minúsculas me perturbaban al igual que la voz pasiva y la referencia a los nombres como locativos. En el poema la aparición de Gypsy Rose, nombre artístico de Ellen June Hovick (1911-1970), performer de Burlesque, ilusionista del desnudo, refiere uno de los tantos bares o centros nocturnos que acogieron como suyo (y con el fin de atraer clientela masculina) el nombre de la famosa stripper norteamericana. Luego, por extensión, asumí “j.b.”, también en minúscula, como el nombre de otro bar igualmente concurrido.

Sin duda fue “singin’ du-wops in the park after some chi-chiba” una de las incidencias más prolongadas que tuve. No hubo texto cultural alguno que me ayudara a descifrar qué cosa era “chi-chiba”. Padecí semanas y días de constante remordimiento por mi incapacidad de deconstruir el enigma. A punto de naufragar, decidí escribirle a quien fue amigo personal de Piñero en vida, el también poeta y académico Miguel Algarín, quien me esclareció que no iba a encontrar ningún texto que arrojara luz sobre “chi-chiba” porque esa palabra fue una invención del grupo de amigos que fundó el Nuyorican Poets Café.

Chi-chiba es un concepto de hilarante raíz metonímica y onomatopéyica. Todo parte de Sonny Chiba, uno de los actores más conocidos del cine de artes marciales y que alcanzó gran popularidad en Estados Unidos en la década del 70. El grupo de poetas amigos, en una de esas memorables noches de la bohemia nuyorican, decidió traer una nueva palabra al mundo, palabra que refiriera y encerrara el concepto de bronca callejera, como esas en las que ellos se veían inmersos en el barrio, ajuste de cuentas al old fashion way. Chiba se les aprestaba por analogía (peleas marciales de sus películas) a esa necesidad, pero había que ir más allá, y representar lingüísticamente el fenómeno acústico de la pelea o de los golpes. Todo se solucionó con la reiteración de la simpática y pintoresca primera sílaba chi.

Por último, quiero referirme a otro de los casos conflictivos durante el proceso de traducción: “found/ in the bowery with the d.d.t.´s”. Como ya se apreciaba anteriormente, este es un poema que transpira la atmósfera y las locaciones neoyorquinas. En el caso de Bowery, disminuido por el autor con la minúscula (sería interesante hacer un estudio sobre el porqué de la demeritación de nombres propios y topónimos en la poesía de Miguel Piñero); repito, en el caso de Bowery, estamos refiriéndonos a una calle del Lower East Side de Manhattan, situada entre el Barrio Chino y la Pequeña Italia, y que da nombre al suburbio adyacente, donde por decenios vivió la población de extracción más humilde de Nueva York, conformada principalmente por latinos y afroamericanos.

En el caso de “d.d.t.´s” y su hermética conformación a partir del uso de siglas, sucedió algo parecido a lo de “chi-chiba”. Fue muy estresante. La clave de sentido me fue dada por “in the potter´s field of an o.d.” En este verso, anterior al que me ocupa, desentrañé los grafemas “o.d.” desde el registro lingüístico clínico: overdose. Entonces, recurrí nuevamente a la jerga médica para explorar la posibilidad de una solución, y funcionó. Llegué al alumbramiento exegético de que el autor establece un juego de sonido y sentido entre el insecticida D.D.T., usado como alternativa barata de drogadicción, y D.T. (delirium tremens).

Ya cuando terminé de traducir todo el texto, me asaltó la duda de si debía incluir notas al pie para explicar algunas de las incidencias léxicas. Finalmente decidí prescindir de esas notas porque esterilizan el acto mismo de lectura de este poema que fue creado no para ser leído sino para ser recitado (performance).

 
 

Conclusión o Del traductor, ese comensal de cebolla

Releyendo mi variante al español del poema “Seekin´ the Cause” vuelvo a constatar que la traducción no es un mero acto de trasvase; más bien es una indagación cultural en el sentido más amplio, indagación ideoestética e ideoestilística, y por consiguiente, un acto de fe cifrado en el ejercicio mismo de la creación. No sólo se trasladan palabras, sino (inter/intra)contextos, cosmovisiones, ideologías. El traductor es como un Ulises asido a los despojos de su naufragio. Es su tenacidad lo que lo mantiene a flote. Sólo él es inmune al síndrome de la cebolla y sus bombas lacrimógenas; sólo él puede abrirse paso desde el corazón del fruto y conquistar los retos que le imponen las múltiples capas o membranas, o debería decir contextos, para llegar a una definición mejor. Es un comensal de cebolla, y en la deglución halla el deleite que pocos encuentran: la reconciliación con el conocimiento.

 

Jacques PRÉVERT


traducción del francés: Rafael Álvarez Rosales

 De: Histoires, 1946.

El Meteoro”

Entre los barrotes de los locales disciplinarios
una naranja
pasa como un relámpago
y como una piedra
cae en el retrete.
Y el preso
todo embarrado de mierda
resplandece,
todo iluminado de gozo.
Ella no me olvidó.
Sigue pensando en mí.

 

Le Météore”

Entre les barreaux des locaux disciplinaires
une orange
passe comme un éclair
et tombe dans la tinette
comme une pierre
Et le prisonnier
tout éclaboussé de merde
resplendit
tout illuminé de joie
Elle ne m’a pas oublié
Elle pense toujours à moi.

 JP

 De: Fatras, 1966.

La entrevista”

Leí las Bucólicas, los Provincianos,
los Miserables, los Iluminados,
los Diabólicos, las Desencantadas,
los Desarraigados, los Conquistadores,
los Indiferentes…
¿Y qué es preciso leer ahora?
¡Los jodedores, hay que leer
de acuerdo con la época!

 

L’INTERVIEW”

J’ai lu les Bucoliques, les Provinciales,
les Misérables, les Illuminés,
les Diaboliques, les Désenchantés,
les Déracinés, les Conquérants,
les Indifférents…
Et que faut-il lire maintenant?
Les Emmerdants, il faut bien
lire avec son temps !

 

T.S. ELIOT

 

                                                 traducción: Jesús J. Barquet

 
THE DRY SALVAGES

IV.

Lady, whose shrine stands on the promontory,
Pray for all those who are in ships, those
Whose business has to do with fish, and
Those concerned with every lawful traffic
And those who conduct them.

Repeat a prayer also on behalf of
Women who have seen their sons or husbands
Setting forth, and not returning:
Figlia del tuo figlio,
Queen of Heaven.

Also pray for those who were in ships, and
Ended their voyage on the sand, in the sea’s lips
Or in the dark throat which will not reject them
Or wherever cannot reach them the sound of the sea bell’s
Perpetual angelus.

 


(min. 11:10 a 12:00)

 

IV.

Señora mía, la del santuario que se alza en el promontorio,
ruega por todos los que están en los barcos, aquellos
cuyos deberes tienen que ver con la pesca,
aquellos que se encargan del comercio legal
y aquellos que los conducen.

Reza, además, por las mujeres
que han visto a sus hijos y a sus esposos
zarpar y no regresar:
Figlia del tuo figlio,
Reina de los Cielos.

Y ruega también por aquellos que estuvieron en los barcos
y acabaron su travesía en la arena, o en los labios del mar,
o en la oscura garganta que nunca los rechazará,
o dondequiera que no logre alcanzarlos el sonido
del ángelus perpetuo de la campana marina.

 

ELIOT BURN NORTON

 

THE WASTE LAND

IV. DEATH BY WATER

Phlebas the Phoenician, a fortnight dead,
Forgot the cry of gulls, and the deep seas swell
And the profit and loss.

A current under sea
Picked his bones in whispers. As he rose and fell
He passed the stages of his age and youth
Entering the whirlpool.

Gentile or Jew
O you who turn the wheel and look to windward,
Consider Phlebas, who was once handsome and tall as you.

 

 

IV. MUERTE POR AGUA

Flebas el Fenicio, muerto hace ya quince días,
olvidó el clamor de las gaviotas, y las vastas
profundidades marinas, y las ganancias y las pérdidas.

Bajo el mar, una corriente
acogió entre susurros sus huesos, y con cada ascenso
y descenso recorrió Flebas toda su época y su juventud
mientras entraba en el remolino.

Gentil o judío,
oh, tú que estás al timón y sigues el curso de los vientos,
acuérdate de Flebas, que una vez fue alto y hermoso
como tú.

SEEKIN’ the CAUSE, de Miguel PIÑERO


he was Dead
he never Lived
died
died
he died seekin´ a Cause
seekin´ the Cause
because
he said
he never saw the cause
but he heard
the cause
heard the cryin´ of hungry ghetto children
heard the warnin´ from Malcolm
heard tractors pave new routes to new prisons
died seekin´ the Cause
seekin´ a Cause
he was dead on arrival
he never really Lived
uptown… downtown… midtown… crosstown
body was found all over town
seekin´ the Cause
thinkin´ the Cause was 75 dollars & gator shoes
thinkin´ the cause was sellin´ the white lady to black
children
thinkin´ the cause is to be found in gypsy rose or j.b.
or dealin´ wacky weed
and singin´ du-wops in the park after some chi-chiba
he died seekin´ the Cause
died seekin´ a Cause
and the Cause was dyin´ seekin´ him
and the Cause was dyin´ seekin´ him
and the Cause was dyin´ seekin´ him
he wanted a color t.v.
wanted a silk on silk suit
he wanted the Cause to come up like the mets & take the
world series
he wanted… he wanted… he wanted…
he wanted to want more wants
but
he never gave
he never gave
he never gave his love to children
he never gave his heart to old people
&
never did he ever give his soul to his people
he never gave his soul to his people
because he was busy seekin´ a Cause
busy                                                                                                            
busy perfectin’ his voice to harmonize the national anthem

with spiro t agnew
busy perfectin´ his jive talk so that his flunkiness
wouldn´t show
busy perfectin´ his viva-la-policía speech
downtown… uptown… midtown… crosstown
his body was found all over town
seekin´ a Cause
seekin´ the Cause
found
in the potter´s field of an o.d.
found
in the bowery with the d.d.t.´s
his legs were left in viet-nam
his arms were found in sing-sing
his scalp was on nixon´s belt
his blood painted the streets of the ghetto
his eyes were still lookin´ for jesus to come down
on some cloud & make everythin´ all right
when jesus died in attica
his brains plastered all around the frames of the pentagon
his voice still yellin´ stars & stripes 4 ever
riddled with the police bullets his taxes bought
he died seekin´ a Cause
seekin´ the Cause
while the Cause was dyin´ seekin´ him
he died yesterday
he´s dyin´ today
he’ll be dead tomorrow
died seekin´ a Cause
died seekin´ the Cause
& the Cause was in front of him
& the Cause was in his skin
& the Cause was in his speech
& the Cause was in his blood
but
he died seekin´ the Cause
he died seekin´ a Cause
he died
deaf
dumb
&
blind
he died
died
& never found his Cause
because
you see he never never
knew that he was the
Cause

Este es un poema que se resiste a ser traducido. Propongo entonces una suerte de versión al español,

Rafael Álvarez Rosales

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Buscando la Causa


él estaba Muerto
él nunca Vivió
murió
murió
murió buscando una Causa
buscando la Causa
porque
él dijo
que nunca vio la causa
pero la escuchó
la causa
escuchó el llanto de los hambrientos niños del gueto
escuchó la advertencia de Malcolm
escuchó tractores pavimentar nuevas rutas a nuevas prisiones
murió buscando la Causa
buscando una Causa
ya estaba muerto al llegar
realmente nunca Vivió
uptown… downtown… midtown… crosstown
el cuerpo fue encontrado por toda la ciudad
buscando la Causa
pensando que la Causa era 75 dólares y zapatos de cocodrilo
pensando que la causa era vender la damisela blanca
a los niños negros
pensando que la causa se encuentre en gypsy rose o j.b.
o distribuir la alucinante yerba
y cantar du-wops en el parque después de alguna bronca callejera
él murió buscando la Causa
murió buscando una Causa
y la Causa moría buscándolo a él
y la Causa moría buscándolo a él
y la Causa moría buscándolo a él
él quería un televisor a color
quería la seda en traje de seda
quería que la Causa emergiera como los mets y ganara
las series mundiales
él quería… él quería … él quería …

él quería querer más quiere

pero

él nunca dio
él nunca dio
nunca dio su amor a los niños
nunca dio su corazón a los viejos
y nunca jamás dio su alma a su gente
nunca dio su alma a su gente
porque estaba ocupado buscando una Causa
ocupado
ocupado perfeccionando su voz para entonar el himno
con spiro t. agnew
ocupado perfeccionando su jerga para que sus endebleces
no se vieran.
ocupado perfeccionando su discurso de viva-la-policía
downtown… uptown… midtown… crosstown
su cuerpo fue encontrado por toda la ciudad
buscando una Causa
buscando la Causa
encontrado
en la fosa de una o.d. (sobredosis)
encontrado
en el bowery con los d.d.t. (insecticida y delirium tremens)
sus piernas se quedaron en viet-nam
se encontraron sus brazos en sing-sing
el cuero de su cráneo en el cinturón de nixon
su sangre pintaba las calles del gueto
sus ojos aún esperando a que jesús descendiera
en alguna nube y resolviera todo
cuando jesús murió en attica
sus sesos revistieron todas las estructuras del pentágono
su voz todavía gritando grita barras y estrellas por siempre
acribillado por las balas de la policía que pagaron sus impuestos
él murió buscando una Causa
buscando la Causa
mientras la Causa moría buscándolo a él
él murió ayer
se está muriendo hoy
él está muerto mañana
murió buscando una Causa
buscando la Causa
y la Causa estaba frente a él
y la Causa estaba en su piel
y la Causa estaba en su discurso
y la Causa estaba en su sangre
pero
él murió buscando la Causa
murió buscando una Causa
él murió
sordo
mudo
y ciego
él murió
murió
y nunca encontró su Causa
porque
verás, nunca nunca
supo que él era
la Causa